En política, los proyectos duraderos no se sostienen únicamente con victorias electorales. Se sostienen con organización, disciplina, proyecto y claridad de propósito. Por eso, las decisiones tomadas en la reciente sesión del Consejo Nacional de Morena rumbo a las elecciones de 2027 tienen una relevancia que va mucho más allá del calendario interno de un partido, hablan del método con el que se trabaja para consolidar el segundo piso de la cuarta transformación.
El partido ha definido las reglas, el calendario y el método para seleccionar a quienes encabezarán las coordinaciones territoriales de defensa de la transformación. El proceso no es improvisado ni discrecional, tampoco dista mucho de lo que hemos conocido en procesos internos pasados. Tiene etapas claras, convocatoria, registro, filtro cuando haya múltiples aspirantes, encuestas para medir aceptación ciudadana y finalmente la designación de quien obtenga la mayor valoración.
El método es consistente con lo que el movimiento ha defendido desde su origen, que la política se legitime desde la opinión del Pueblo y no desde acuerdos de cúpula. Las encuestas valorarán atributos que no siempre fueron prioridad dentro de la política tradicional, cualidades como: la honestidad, cercanía con la gente, el trabajo territorial y compromiso con la transformación.
El calendario también marca el ritmo organizativo rumbo a 2027. Las coordinaciones estatales —equivalentes a las futuras candidaturas a gubernaturas en 17 estados— deberán definirse el 22 de junio de 2026. Posteriormente vendrán las coordinaciones distritales federales en agosto, las municipales en septiembre y las distritales locales en noviembre. Es decir, el movimiento se está preparando con tiempo y método para un proceso electoral que aún parece lejano, pero que políticamente ya comenzó.
Pero quizás el elemento más significativo del acuerdo no está únicamente en el método, sino en las reglas.
El Consejo Nacional fue claro, quienes aspiren a participar no podrán promover su imagen con espectaculares, utilizar recursos públicos, entregar dádivas, realizar actos anticipados de campaña ni desplegar campañas ostentosas. Tampoco se permitirán agresiones, descalificaciones, campañas de desprestigio o linchamientos digitales contra otros participantes.
Se busca evitar justamente aquello que durante décadas contaminó la vida política mexicana, el dinero como herramienta de posicionamiento, la guerra sucia como estrategia y el uso del poder público para impulsar aspiraciones personales. La competencia interna debe ser austera, ética y centrada en el respaldo ciudadano.
Al mismo tiempo, el partido anunció el fortalecimiento de su estructura territorial. Se integrarán más de dos mil consejos municipales que tendrán funciones de organización territorial, formación política, promoción digital y difusión del periódico Regeneración. La instalación de estos órganos comenzará a finales de marzo y se realizará durante nueve fines de semana consecutivos.
Este proceso organizativo refleja algo que a menudo pasa desapercibido: Morena no es únicamente un partido político, es un movimiento con una base territorial extensa. Más de 12 millones de personas afiliadas, una militancia donde el 62% son mujeres y que cuenta con la participación de millones de jóvenes.
Esa estructura, más que una estadística, es el motor político que ha permitido sostener el proyecto de transformación en el país.
Durante la sesión del Consejo, el llamado también fue a la responsabilidad política. Se advirtió que los proyectos políticos no suelen fracasar por la fuerza de sus adversarios, sino por sus propias debilidades internas, por el oportunismo o por la tentación de anteponer aspiraciones personales al proyecto colectivo.
Y en este momento histórico, lo que está en juego es más grande que cualquier candidatura individual. Lo que está en juego es la continuidad de un proceso político que ha redefinido la relación entre el poder público y el Pueblo.
La organización interna, las reglas claras y la disciplina política no son un trámite burocrático. Son la condición para que el movimiento llegue fuerte, unido y con legitimidad a los procesos electorales que vienen.
Porque al final, la transformación no se sostiene solo desde el gobierno.
Se sostiene desde el territorio.



