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La vejez y sus cuidados

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«Aquí no hay viejos,
solo nos llegó la tarde.
Viejo es el mar y se agiganta.
Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra.»

Mario Benedetti

En su libro sobre la vejez, Simone de Beauvoir plantea esta etapa como socialmente marginada, en la que los ancianos son tratados como «parias» y objetos, privados de voz y valor por la sociedad moderna, que los considera improductivos. Para la autora, la vejez está atravesada por la alienación y la infravaloración, especialmente en sistemas capitalistas, que proponen como solución que los individuos se preparen para persiguir fines que den sentido a sus vidas por sus propios medios.

Según CONAPO, en México hay aproximadamente 17.1 millones de personas adultas mayores (de 65 años y más) que en 2025 representan el 12.8% de la población total. Según proyecciones del mismo Consejo, se prevé que para el año 2030 el país alcance una etapa representada por más personas mayores (14.96%) que jóvenes (0 a 14 años), y para el año 2070 el porcentaje de personas mayores será del 34.2%. Paralelamente, la población en edad productiva (18 a 65 años) disminuirá proporcionalmente, pasando de representar el 63 % en 2025 a 52 % en 2050, incrementando así la razón de dependencia social, es decir, el número de personas no activas económicamente que dependen del sustento de la población activa. (CONAPO, 2025[1])

En Jalisco, este fenómeno es aún más pronunciado. El censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó en 2020 que el estado contaba con más de un millón de personas mayores a 60 años, con una tasa de envejecimiento del 19.8%. Para 2050, se proyecta que esta población supere el 25%, acercándose a 1.6 millones de personas adultas mayores, lo que implicará una demanda creciente en servicios de salud, sociales y de asistencia (INEGI, 2020).

El aumento en la esperanza de vida —que pasó de 60.8 años en 1970 a 75.3 años en 2023 (INEGI, 2023[2])— refleja importantes avances en salud pública y condiciones de vida, pero conlleva también el reto de atender a una población con crecientes necesidades de cuidado, atención especializada y acompañamiento social, debido a problemas de salud crónicos, deterioro funcional y vulnerabilidad psicosocial (Villarreal, 2018[3]).

La sociedad moderna margina a los ancianos, ya que se considera que su rol de productividad ha terminado. En ese sentido, De Beauvoir critica cómo el sistema descarta a las personas mayores que ya no «rinden», un concepto que ella relaciona con la cultura del descarte, porque ya no constituyen una fuerza económica y se les considera improductivos. Por ello, plantea que las personas en su vejez, deben continuar con mantener las pasiones vitales, como evitar el encierro en un@ mism@, valorar la vida propia y de los demás a través del amor, la amistad, la indignación o la compasión.

Nuestro país enfrenta grandes desafíos en esta materia ya que, durante décadas, fue considerado un país de jóvenes; en el año 2000, la edad mediana era de 22 años, hoy ha subido a 30.5 años y se proyecta que para 2050 será de 43 años. La disminución de la tasa de natalidad, el aumento de la esperanza de vida y la mejora en los servicios de salud han contribuido a este fenómeno que hoy debería tener nuestra atención. El envejecimiento de la población se duplicará en los próximos veinte años y no estamos siendo previsores de lo que se avecina.

Por ello, es indispensable contar con sistemas de apoyo que garanticen que, en etapas en donde ocurra una situación de vulnerabilidad, no se agraven las condiciones de salud, trato y vida digna. Ante este escenario, se vuelve imperativo reconocer constitucionalmente el derecho a la atención integral mediante casas de asistencia pública, establecer un marco jurídico que regule, supervise y garantice la operación adecuada de dichos espacios, y asegurar su financiamiento mediante mecanismos estables y sostenibles.

Es importante el fortalecimiento de una red estatal de casas de asistencia que permitirá atender con dignidad a las personas adultas mayores en situación de vulnerabilidad, reduciendo el abandono y la exclusión social. Investigaciones de la Universidad de Guadalajara (UdeG, 2023[4]) indican que la creación de estos espacios genera además empleos formales en sectores como la gerontología, enfermería, psicología y trabajo social, contribuyendo a la economía local y promoviendo un modelo integral de bienestar social.

Legislemos en favor de un sistema de cuidados que contemple a las y los adultos mayores, y que prevea el futuro de nuestras poblaciones para asegurarnos el bienestar que nos merecemos.


[1] CONAPO, Proyecciones demográficas de un México que envejece. Disponible en: https://www.gob.mx/inapam/articulos/proyecciones-demograficas-de-un-mexico-que-envejece

[2] INEGI, Esperanza de vida al nacimiento por entidad federativa según sexo. Disponible en: https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/interactivos/?pxq=Mortalidad_Mortalidad_09_61312f04-e039-4659-8095-0ce2cd284415

[3] Villarreal, A. (2018). «Envejecimiento poblacional y políticas públicas en México». Revista de Estudios Sociales, 65, 45-62. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

[4] Universidad de Guadalajara (UdeG). (2023). Diagnóstico del bienestar y atención a personas adultas mayores en Jalisco. CUCSH-UdeG.

 

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