Ciudad de México a 20 enero, 2026, 18: 35 hora del centro.
Ciudad de México a 20 enero, 2026, 18: 35 hora del centro.

Martí Batres pone fin a los negocios privados

postal PP horizontal Hector Zariñana

La salida de Sacyr del hospital de Tláhuac, es el capítulo final de una empresa que llegó a México cobijada por el viejo régimen para ser más exactos en el gobernó de Felipe Calderón para hacer negocios jugosos a costa del erario, pero que hoy, frente a un Estado que por fin recupera su dignidad, se queda sin espacio para sus viejas mañas. Con la llegada de Martí Batres al ISSSTE, la brújula cambió de dirección: la salud dejó de ser botín para consorcios privados y volvió a colocarse donde siempre debió estar, en el centro de la política social.

La decisión del ISSSTE de terminar el contrato y asumir directamente la operación del hospital es, en los hechos, una sacudida histórica. Durante años, Sacyr y otras firmas españolas hicieron fortuna en América Latina con contratos inflados, obras tardías y mecanismos financieros diseñados para ordeñar a los gobiernos. No es casual que en Panamá salieran por la puerta de atrás tras perder un arbitraje multimillonario. Ese es su sello. Ese es su historial. Y en México pretendían replicarlo.

Pero hoy el país es otro. Martí Batres entendió que no se puede garantizar el derecho a la salud mientras hospitales públicos funcionan bajo el yugo de contratos leoninos que hipotecan recursos por décadas. La ruptura con Sacyr no es una anécdota administrativa, es un mensaje político y moral. Es el aviso de que la nueva Cuarta Transformación, con Claudia Sheinbaum al frente y un ISSSTE renovado, no va a tolerar empresas que quieran seguir exprimiendo al pueblo bajo la lógica del “negocio primero, salud después”.

Sacyr se va igual que llegó: sin rendir cuentas, sin asumir responsabilidades y buscando victimizarse. Pero esta vez no se van entre aplausos ni complicidades; se van porque un gobierno fuerte, honesto y decidido les cerró la puerta. Y eso, desde una visión de izquierda, es un triunfo del interés público sobre la rapiña corporativa.

Mientras algunos añoran el país de antes el país donde estas empresas gobernaban más que los propios gobiernos, hoy México demuestra que la dignidad también se ejerce rompiendo contratos injustos y recuperando el control de lo que nunca debió privatizarse. Con la salida de Sacyr y la conducción firme de Martí Batres, el ISSSTE empieza a escribir una etapa nueva: la de un sistema de salud sin intermediarios voraces, sin cargas financieras absurdas y sin empresas que creen que México es tierra de saqueo.

La verdadera transformación también se construye así, cerrando ciclos de abuso y abriendo caminos de justicia social. Aquí, Sacyr se topó con un país distinto. Y ese es el mejor síntoma de que vamos por el rumbo correcto.

 

Sobre el autor

Comparte en:

Comentarios