El pasado miércoles 25 de febrero, la Presidenta Claudia Sheinbaum presentó en la conferencia mañanera la propuesta de reforma electoral que se había comprometido a impulsar desde su llegada al Ejecutivo Federal.
Es importante mencionar que varios meses atrás, se especuló mucho sobre el contenido de la iniciativa; incluso hubo una campaña para tratar de desprestigiarla llamándole “Ley Maduro”, con el propósito de imponer miedo y comenzar una discusión meramente visceral sobre algo inexistente en letra y papel.
Se hablaba de la disminución del presupuesto, eliminación de privilegios, de reforzar la participación ciudadana, cosas muy generales; sin embargo, poco a poco fueron generando especulaciones, o mejor dicho, pretextos, para pelear contra el fantasma del autoritarismo que siempre han traído en la cabeza.
Hoy tenemos la certeza de que la reforma electoral que propone la presidenta no es más que el refuerzo que requería nuestra democracia, una iniciativa que refleja el sentir del Pueblo ante la falta de representatividad de los perfiles que llegan a los curules de manera plurinominal.
A diferencia de lo que muchos medios de comunicación, voceros y comentócratas están propagando, la iniciativa propone que únicamente cambie la manera en la que los plurinominales llegan a una diputación, porque en la mayoría de los procesos electorales no se trataba precisamente de los mejores perfiles, las listas de estos personajes son en su mayoría personas que están acostumbrados a; legislatura tras legislatura, vivir del erario público con la comodidad de no rendirle cuentas al Pueblo, usando de pretexto que nadie había votado por ellos.
Está de más decir lo que la mayoría de la población piensa sobre esta situación, y la presidenta lo comprendió después de recorrer cada rincón del país. ¿Cómo no iba a estar enojado el Pueblo de México? Si llevan años en el poder, desplazando sus derechos, haciendo hasta lo imposible por evitar el progreso en el país, votando en contra de la constitucionalidad de los programas sociales, de la reforma energética, de la ley minera, de la reducción de la jornada laboral. ¿Cómo esperan que la gente esté contenta con el trabajo de los plurinominales?
La reforma electoral a la que tanto se han encargado de desprestigiar propone no cambiar la cantidad de diputados, ni la distribución de los plurinominales a los partidos políticos, sino que ahora tengan la decencia de ir a buscar el voto de la gente, para que entonces ganen un verdadero sentido de representatividad, para que a quien le tengan que responder sea a la ciudadanía (como siempre debió haber sido), sin embargo, su lealtad es miope y solo atienden sus intereses.
Resultó que este es el punto más polémico de la reforma; sienten que se les va la vida si llegan a pisar el territorio, porque nunca lo han hecho, están acostumbrados a esperar ser los primeros lugares sin el más mínimo esfuerzo.
Entendiendo que el debate no es técnico, sino político, surgen dos cuestionamientos: ¿a quiénes sirve la representación? ¿y por qué existen “representantes” sin vínculo directo con el Pueblo?
Confrontar a los plurinominales con el voto no debilita en absoluto la democracia; al contrario, la fortalece con un elemento indispensable: la voluntad popular, dejando a un lado a las élites partidistas que viven desconectadas de las necesidades del territorio. De esta manera se abrirían muchas puertas: la del relevo generacional, la de la rendición de cuentas y la verdadera representatividad del Pueblo.



