Ciudad de México a 13 diciembre, 2025, 16: 12 hora del centro.
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Resumen de noticias

Leo Collado-Horizontal

Inspirada en la canción del maestro Silvio Rodríguez.

Cada que abrimos los ojos, el mundo parece estar ardiendo. Tiene convulsiones tan frecuentes que uno podría pensar que esa es ya su frecuencia vibracional normal. Sin embargo, pobres de nosotros que seguimos mirando con preocupación, por no estar, como dice el maestro Silvio Rodríguez, “con los presos de su propia cabeza acomodada.”

El ánimo mundial sugiere haber entrado en una dinámica de comodidad en medio del caos. Y aunque parezca increíble, hay latinos que aplauden las políticas que ejerce el presidente Trump en América Latina. Y aunque, a veces, intenta brincar a México, en ese salto nos cae algo de la tierra de sus zapatos.

Y cuando parecía que el Pueblo palestino alcanzaba por fin el preludio de su paz, el ejército de Israel vuelve a irrumpir cobrando vidas inocentes, decidido a no descansar hasta borrar de la faz de la tierra a los palestinos y quedarse con un territorio que reclama amparado en un escrito viejo y sin sustento, en hojas tristes que, en su intento de profesar amor y espiritualidad, cobran más vidas que cualquier bomba.

Hay una Ucrania que golpea, que se obstina, que se disfraza de víctima para pedir limosna. Y aunque incluso sus antiguos aliados le han pedido detenerse, parece no conocer el valor de la moneda que está gastando: la vida humana.

Pero la enfermedad no solo está afuera. Nosotros, los que caminamos para construir un movimiento con la ilusión de cambiar un país; los que sobrevivimos al viejo y duro oficialismo de siempre; ese movimiento que resistió el desafuero, que caminó bajo el sol y la calumnia, que perdió una presidencia robada, pero ganó el alma de un Pueblo entero… hoy pareciera haber olvidado por qué luchábamos.

En lugar de pulir el espíritu, nos desgastamos en polémicas inútiles, en egos inflamados y en alianzas rotas. Decimos “unidad” frente a las cámaras, pero en los pasillos se oyen los portazos. La crítica no es traición: es oxígeno, y el movimiento necesita respirar.

No alzamos la voz para romper los lazos, sino para que se tomen nuestras manos y se fortalezcan. Hay que escuchar todas las voces, incluso las que incomodan, porque el silencio de los leales puede ser más peligroso que el grito del adversario.

Entre las figuras principales, de quien menos se esperaba lealtad, es quien hoy sigue firme como alfil de la Presidenta, ponderando, al parecer, aquel proyecto del que hablábamos cuando dimos los primeros pasos. Y otros, que juraban lealtad, se han diluido en las pequeñas guerras del protagonismo. Algunos se convirtieron en protagonistas de escándalos que solo alimentan la sucia verborrea de la crítica sin sentido, esa que se nutre del odio y de la nostalgia de los derrotados.

Mientras tanto, esa oposición, con los mismos rostros de siempre, intenta reorganizarse. Y aunque se hable de ella con sorna, con burla, yo no la subestimaría. Quizá están aprendiendo. Quizá algo asimilen de sus derrotas; como nosotros aprendimos del desafuero y del fraude electoral: aprendimos a resistir, a reorganizarnos y a seguir.

Por eso digo yo, como Silvio, que por hacer este tipo de pronunciamientos “no he estado en los mercados grandes de la palabra, pero he dicho lo mío, a tiempo y sonriente.” Y “no he estado enumerando las manchas del sol, pues sé que en una sola mancha cabe el mundo.” En un solo error cabe el futuro de nuestro movimiento.

Hoy, además de reorganizar estructuras, necesitamos recuperar la mística. No desde un escritorio, sino desde el alma misma del Pueblo. Debemos volver a caminar, volver a escuchar, volver a mirar a los ojos a la gente que creyó. Nos urge reconciliarnos con la idea que nos dio origen: que el poder no era un trofeo, sino una herramienta para hacer justicia. México tiene muchas voces, ahora necesita ser más escuchado.

Por eso “he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado. Sabemos hacia dónde vamos y, a veces, con qué piedra nos vamos a tropezar. Vale más un grito a tiempo que un minuto de silencio.; eso dice un viejo proverbio y, al menos, eso pensamos quienes no queremos que se caiga nuestro movimiento.

Este fenómeno parece un descuido que nace de quien siente que viaja en vehículo blindado; pero como dice el maestro Silvio, hay que recordar que también “la inmunidad carcome los huesos”, y que ese amor que debe unirnos como nación y como movimiento, aún suena hueco, si no se pronuncia con verdad.

Agradezco la participación de todos los que siguen creyendo en la bonita melodía de este Pueblo. Y, citando, una vez más, al gran Silvio Rodríguez, “se debe subrayar la importante tarea de los perseguidores de cualquier nacimiento”; incluso, como en nuestro caso, el de una conciencia nueva.

“Si alguien que me escucha se viera retratado, sépase que se hace con ese destino. Cualquier reclamación, que sea sin membrete. Buenas noches, amigos y enemigos.”

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