2027: Liderazgos con preparación, trayectoria, territorio, valores y en igualdad
En política, las personas son el factor decisivo. Las instituciones, leyes y programas públicos son indispensables para el desarrollo de un país, pero su eficacia depende, en gran medida, de la calidad ética, intelectual y humana de quienes tienen la responsabilidad de conducirlos. En el México actual, inmerso en una profunda transformación política y social, la discusión debe ser en torno a quiénes poseen las competencias necesarias para convertir el poder, en bienestar para el pueblo.
La Cuarta Transformación ha impulsado un cambio de paradigma sustentado en el humanismo mexicano, justicia social, combate a la corrupción, austeridad republicana y la recuperación del Estado como garante de derechos. El proyecto de nación requiere mujeres y hombres capaces de traducir los principios en resultados concretos y de responder a los desafíos de un país complejo, diverso y profundamente desigual.
La evidencia internacional respalda esta premisa. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en Government at a Glance 2023, señala que la confianza ciudadana en las instituciones aumenta cuando las y los servidores públicos actúan con integridad, profesionalismo, transparencia y capacidad técnica. La legitimidad democrática no se agota en el respaldo de las urnas; se fortalece cuando las decisiones públicas generan resultados medibles y mejoran la vida de las personas.
En México, la demanda social de gobiernos honestos continúa siendo una constante. La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2023, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), identifica a la corrupción entre los problemas que más preocupan a la ciudadanía. Ello confirma que la honestidad es una condición indispensable para ejercer responsabilidades públicas, pero también deja claro que, por sí sola, no basta para gobernar.
El primer requisito para quien aspire a representar al pueblo es el conocimiento. Comprender el funcionamiento del Estado mexicano, el marco constitucional, las finanzas públicas, los derechos humanos, la igualdad sustantiva, la administración pública y el diseño de políticas públicas constituye una obligación democrática. Gobernar implica tomar decisiones sustentadas en evidencia y asumir que cada acción repercute en la vida cotidiana de millones de personas. Pero ese conocimiento debe complementarse con una competencia que hoy resulta indispensable: el conocimiento profundo del territorio. Ningún liderazgo puede responder eficazmente a las necesidades sociales si desconoce la realidad de las comunidades, sus dinámicas económicas, culturales y ambientales, así como las desigualdades que enfrentan. Caminar el territorio, dialogar con la población, comprender sus vocaciones productivas, reconocer sus problemáticas y construir soluciones desde la cercanía permite diseñar políticas públicas más pertinentes y fortalecer la confianza ciudadana. El territorio no es únicamente un espacio geográfico; es el lugar donde la política demuestra su capacidad para transformar la vida de las personas.
A este componente se suman habilidades que distinguen a los liderazgos transformadores: la escucha activa, la capacidad de diálogo, la negociación, la construcción de consensos, la comunicación efectiva y la resolución de conflictos. Las mejores decisiones nacen de escuchar al pueblo y construir soluciones junto con las comunidades. Las actitudes también marcan la diferencia. La disciplina, la vocación de servicio, la humildad intelectual, la disposición para aprender de manera permanente, la apertura a la crítica y la sensibilidad frente a las desigualdades distinguen a quienes entienden la política como una responsabilidad colectiva. Sobre ese cimiento descansan los valores: honestidad, legalidad, solidaridad, justicia, transparencia, respeto a la diversidad, empatía y compromiso con el bienestar colectivo.
Existe, además, un desafío impostergable: consolidar la participación política de las mujeres desde una perspectiva de igualdad sustantiva. México ha alcanzado avances históricos en materia de paridad y hoy vive un momento inédito con la primera mujer en la Presidencia de la República. El siguiente paso consiste en fortalecer liderazgos femeninos auténticos, con trayectoria comunitaria, autonomía, preparación profesional y formación sólida en perspectiva de género, capaces de impulsar políticas públicas que amplíen derechos y reduzcan las brechas de desigualdad. Con la mirada puesta en el proceso electoral de 2027, los partidos políticos, los movimientos sociales y la ciudadanía tienen la responsabilidad de elevar el estándar de las candidaturas.
La transformación depende, sobre todo, de las personas encargadas de hacerlo realidad. Cuidar los perfiles de quienes aspiran a representar al pueblo constituye una responsabilidad democrática que trasciende cualquier coyuntura electoral. Las candidaturas de 2027 deberán distinguirse por conocimiento, experiencia territorial, habilidades, actitudes y valores de mujeres y hombres que hayan demostrado, con trabajo y compromiso, que están preparados para seguir construyendo un país donde el bienestar colectivo sea siempre el horizonte de la política.







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