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San Juanico 84: no olvidar

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Hasta las zonas del centro y oriente del Distrito Federal las puertas de las casas retumbaron insistentemente, entre las 5:30 y las 7:00 de la mañana de aquel 19 de noviembre de 1984, como si las ráfagas de un inexplicable e invisible tornado se hubieran descontrolado y dispersado por todos lados, para golpear los recovecos citadinos, ante el asombro y confusión de la población capitalina que se alistaba para ir a trabajar o a la escuela.

En esas horas tristes, pocos sabían que en una planta de PEMEX, ubicada en el pueblo de San Juan Ixhuatepec -en la cúspide de un cinturón de asentamientos irregulares ubicado a 20 kilómetros al norte de la ciudad-, se habían desatado una serie de explosiones por anomalías en los ductos que contenían Gas Licuado de Petróleo (GLP); la más aparatosa desde una esfera de almacenamiento que generó una bola de fuego de unos 300 metros de diámetro, que a su vez, desencadenó la serie más larga de explosiones tipo BLEVE (Boiling Liquid Expanding Vapor Explosion), como fue conceptualizada hasta principios del siglo XX, en uno de los accidentes industriales más mortíferos y terribles de México y el mundo. Los testimonios de la época relatan la irrupción de una lluvia de fuego -pues 300 toneladas de diversos materiales se convirtieron en proyectiles desde el cielo-, mientras los estertores de gas y vapor incendiaban el infierno en la tierra.

El saldo fue de 503 personas fallecidas, 926 heridos por quemaduras, 7 mil personas hospitalizadas, 150 casas destruidas completamente, otros cientos de viviendas con afectaciones, 60 mil evacuados y 21 mil personas que vivieron días y noches de dolor en improvisados albergues.

La de San Juanico fue una tragedia en toda la extensión de la palabra, que destruyó la vida y el hogar de las personas más pobres de la urbe, aquellos llamados «paracaidistas» que hacinados habitaban viviendas precarias -edificadas con techos de lámina, paredes de cartón, y sin servicios básicos-. Las explosiones redujeron familias enteras a cenizas, en las postrimerías de una planta de gas que incubó el desastre producido por la negligencia criminal de los gobiernos priistas, se había preferido la ganancia económica a toda costa por encima de la integridad humana.

Prohibido olvidar para no repetir, se suele decir, pero en 1996 estuvo a punto de desatarse otra tragedia similar en San Juanico. Las gaseras que confluían en la zona y en el centro de abasto de PEMEX desde 1984 seguían operando veinte años después; a pesar que en el discurso oficial después de la catástrofe se había dicho que se cumpliría con la ley que establece que: “Las plantas de almacenamiento se ubicarán fuera de las zonas residenciales y lugares densamente poblados». Cabe señalar que el pueblo de San Juan Ixhuatepec tiene orígenes en el siglo XVII, por lo que se estableció primero dicha comunidad y después llegó a insertarse en su ombligo aquella instalación gasera.

Hoy sabemos que los riesgos se construyen socialmente, con las decisiones de los responsables de instituciones públicas o privadas, por acción u omisión para garantizar el cumplimiento de la normatividad en seguridad industrial. En 1984 la corrupción reinante en todos los ámbitos de la vida pública del ya decadente sistema priista garantizó la impunidad, no hubo castigo para los responsables de maniobrar este tipo de plantas a unos metros de los barrios populares.

A 41 años de San Juanico, siempre habrá que luchar por no olvidar a las víctimas, e insistir en la implementación de todas las medidas de prevención y gestión de riesgos posibles para que nunca se repita una tragedia como esta. Recientemente tuvimos una tragedia con una pipa de gas en la CDMX, los organismos gubernamentales de control y supervisión a plantas, empresas y compañías públicas y privadas de manejo de sustancias tóxicas y peligrosas deben tener un marco de actuación eficaz y permanente.

En términos sociales, el 19 de noviembre de 1984 configuró un camino irreversible de descrédito de aquel régimen de partido de Estado, que el 19 de septiembre de 1985, con los sismos, nuevamente vio evidenciado el cinismo hecho práctica de gobierno y el abandono del pueblo a su suerte como característica. Pocos años después, en el verano de 1988 se insertó en la historia política una inédita insurgencia cívica, el PRI- gobierno comenzó a desmoronarse. No olvidemos el 19 de noviembre de 1984…

 

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