Este fin de semana, dieron inicio las asambleas por la defensa de la soberanía del pueblo. A lo largo y ancho de la república, miles de patriotas salieron a informarse y debatir sobre los hechos ocurridos a principios de este año, la invasión de Estados Unidos a Venezuela y las amenazas de intervención a diferentes países de Latinoamérica.
Hay mucho que discutir sobre este tema, porque la oposición en nuestro país no se ha quedado de brazos cruzados y continúan manifestando de manera vil e hipócrita que haya intervención extranjera en nuestro país.
Por otro lado, miles de ciudadanos organizados salieron a las calles este sábado, para protestar de manera legítima el descontento con las declaraciones del presidente Donald Trump y las acciones que ha llevado a cabo en contra de la soberanía de los pueblos de América Latina.
Es importante no solo fijar una postura, sino comenzar a actuar para manifestar con firmeza que no dejaremos sola a nuestra presidenta, que el pueblo politizado no se queda callado y no seremos cómplices del castigo que se pretende imponer a quienes se salgan del libreto neoliberal.
La invasión de Estados Unidos a Venezuela no se debe comprender como un error de política internacional, sino como la grave continuación del imperialismo. Ayer fue Venezuela, Cuba con el bloqueo económico y mañana será cualquier pueblo que se atreva a defender un proyecto popular.
México tiene una historia lastimada por invasiones y despojos; por ello, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos es una postura no solo diplomática, sino llena de convicción y memoria histórica.
Compañeras y compañeros, a través de este texto se hace un llamado a que actuemos como siempre lo hemos hecho, de manera pacífica, que informemos a los demás en nuestros trabajos, conversemos con nuestras vecinas y vecinos, participemos activamente en las asambleas, incentivemos el debate, agarremos los micrófonos y las cámaras para combatir la desinformación de la oposición.
Dejemos en claro que la lucha en contra del imperialismo es dignidad y justicia social; ningún país tiene derecho a imponer gobiernos, modelos económicos o de desarrollo, mucho menos castigos colectivos.
La soberanía no se negocia, los pueblos no se invaden y América Latina no es colonia de nadie.



