viernes, 24 abril 2026
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Soberanía, territorio y organización

El pasado sábado 7 de marzo se llevó a cabo el Consejo Nacional de Morena. Una sesión que no debe ser tratada como una reunión menor o como un trámite interno del partido. Hablamos de la instancia política con más afiliados de América Latina, el movimiento que llevó a la presidencia al Lic. Andrés Manuel y a la Dra. Claudia Sheinbaum y que hoy sostiene la continuidad de la Cuarta Transformación en nuestro país.

Por eso, lo que ocurre dentro de Morena no solo le interesa a su militancia; también es un asunto de interés público. En un país que vive un cambio constante y profundo en su vida política, las decisiones del partido que está en el poder, inevitablemente, impactan la agenda nacional.

El Consejo Nacional dejó tres mensajes claros.

El primero es político y tiene que ver con la defensa de la soberanía nacional. Morena cerró filas en respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum frente a las declaraciones injerencistas del presidente de los Estados Unidos, lo que significa la acción congruente de combatir la intervención de la Casa Blanca en América Latina, en donde cada vez más pretenden marcar la agenda interna de otros países, vulnerando la dignidad de las naciones y sus pueblos.

El respaldo también se extendió a la propuesta de reforma electoral impulsada por la Presidenta Claudia Sheinbaum. Una reforma que busca eliminar algo que durante décadas ha llenado de indignación y coraje a las y los mexicanos: las estructuras clientelares y élites políticas que han evitado la existencia de un sistema equitativo, con verdadera representatividad y vínculo con su pueblo.

El segundo acuerdo tiene que ver con algo menos mediático, pero sin duda alguna muchísimo más importante: la organización territorial.

Morena acordó fortalecer los comités seccionales a través de Consejos Municipales y de Alcaldías de Defensa de la Transformación. Su tarea es clara e incluso obvia: organización casa por casa. No decidir candidaturas, no repartir posiciones, sino hacer lo que históricamente ha distinguido a este movimiento popular: construir comunidad y política desde abajo, desde la tierra.

En tiempos donde la mayoría de los partidos políticos se vuelven prácticamente bots electorales que solo aparecen en temporada de campañas, esta decisión busca continuar construyendo a partir de algo que la izquierda conoce muy bien: la política no se hace solo desde las oficinas o en escritorios, también existe en el territorio.

El tercer punto mira hacia el futuro proceso electoral del 2027.

El Consejo estableció reglas claras para la selección de coordinaciones estatales, distritales y municipales, prohibiendo los actos anticipados de campaña, el uso de recursos públicos, las agresiones entre compañeros aspirantes y la entrega de dádivas.

En otras palabras, el Movimiento de Regeneración Nacional continúa en la lucha para que el juego interno no se convierta en lo que durante años se criticó del viejo régimen: campañas adelantadas, derroche de dinero y luchas internas que terminan debilitando la estructura.

Queda claro que Morena enfrenta el reto que inevitablemente han tenido todos los movimientos que llegan al poder: ¿cómo pasar de ser un movimiento social a un movimiento capaz de gobernar sin perder su esencia?

En 7 años han demostrado que no solo se habla de un discurso, sino de poner como prioridad la voluntad popular, el bienestar de la población, los derechos sociales y la justicia en todos los ámbitos.

Es cierto que cuando un proyecto político crece tanto como lo ha hecho Morena, el riesgo siempre aparece: que la organización territorial se sustituya por la ambición personal, que el proyecto colectivo se diluya en la competencia por cargos, o que el poder institucional termine alejando al movimiento de la gente y las verdaderas bases.

Por eso, el Consejo Nacional no solo definió reglas, también dejó en claro que Morena seguirá siendo el instrumento del pueblo. También puso a la reflexión y memoria que no puede terminar pareciéndose a los partidos que durante años criticó.

Pero como siempre, la política no se decidirá solo en los documentos ni en los consejos nacionales. Se decidirá en el territorio, en la militancia y en la capacidad del movimiento de recordar por qué y en dónde nació.

La Transformación se organiza, pero sobre todo, se defiende.

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