Ciudad de México a 11 diciembre, 2025, 6: 54 hora del centro.
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Un liderazgo que nunca se irá

postal PP horizontal Nélyda Saldaña

La agenda de estas semanas se ha mostrado particularmente movida e intensa, pero el domingo pasado dejó claro algo: por mucho que incomode a ciertos sectores, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, continúa siendo un fenómeno político que rebasa a la oposición, incluso en su retiro.

Su reaparición pública para presentar su nueva obra literaria desató una ola de molestias y comentarios airados entre figuras opositoras, analistas de derecha y comentócratas (como los llama la presidenta), que por más que intenten, no logran ocultar el enojo visceral que les provoca ver a AMLO ocupando el espacio público con la misma fuerza que hace seis años.

El malestar es comprensible y a su vez revelador.

La oposición, fragmentada y atrapada en discusiones internas, observa (con frustración evidente) cómo el presidente López Obrador sigue generando movilización, conversación y expectativa, sin mover un solo dedo y desde el rancho en donde vive su retiro.
Aquí queda claro que no es solo un expresidente presentando un libro; es la figura que dejó un legado en la política mexicana, que reconfiguró las alianzas, que instaló un discurso a favor del pueblo y que colocó al centro de la vida pública a sectores históricamente desplazados y olvidados.

Ese tipo de liderazgo no se fabrica en laboratorios de marketing, ni se sustituye con “voceros”, ni se imita con estrategias digitales o campañas de millones de pesos. AMLO es producto de décadas de capital político acumulado, de una trayectoria coherente, de la fuerza de dos piernas que recorrieron durante años el país de norte a sur y de un vínculo emocional que la oposición simplemente nunca logró construir.

Como si fuera poco, la fecha coincidió con otro desencadenante de irritación: el aniversario del inicio del gobierno de la Cuarta Transformación, ese proyecto al que la oposición ha intentado enfrentarse sin lograr nada alternativo convincente desde hace 7 años.

Para el colmo, el enojo crece ante la sólida aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum logrando así un relevo terso, sin fracturas internas, prolongando la vida del Proyecto de la Cuarta Transformación, obligando a la oposición a enfrentarse a distintos fenómenos imparables:

La vigencia de AMLO, la consolidación de la Presidenta como figura histórica y el músculo territorial del movimiento de regeneración nacional. Eso, para quienes llevan años saboreando el colapso de nuestro movimiento, es lógicamente irritante.

Añadiendo además que la convocatoria a la marcha del 6 de diciembre funciona como un recordatorio de la gran capacidad de movilización y organización.

Ese tipo de demostraciones masivas no están a su alcance, no solo por falta de liderazgo centralizado, sino porque son incapaces de articular lo que dicen representar, como claramente pasó en la marcha de la “generación Z”, en la marea rosa o en FRENAAA.

Sus esfuerzos suelen centrarse en el rechazo (a AMLO, a Morena, a la 4T, a la Presidenta Sheinbaum) pero no en una propuesta que pueda despertar adhesión real. Las marchas opositoras, ni son legítimas (no precisamente por un tema de reclamo, más bien por la falta de congruencia), ni tienen la vibración ni la identidad colectiva que genera un verdadero proyecto político.

La reaparición de AMLO les molesta porque altera el guion que venían intentando instalar: el de una supuesta irrelevancia y olvido. Pero es obvio que AMLO no jugará nunca ese papel, pues con su sola presencia, ya sea en un libro, un video, un escrito, vuelve a exponer la incapacidad opositora.

No es casualidad el enojo; es la frustración de reconocer que, incluso fuera del poder, el liderazgo y popularidad del presidente López Obrador sigue pesando más que la suma de todos sus adversarios.

La oposición no está enojada solo por la reaparición de AMLO, ni solo por la marcha.
Está enojada porque no ha logrado ni logrará construir un liderazgo equivalente, porque no puede articular un movimiento con la fuerza emocional de la 4T y porque la continuidad del proyecto en manos de la Presidenta Claudia se sostiene avanzando con fuerza y con conexión popular.

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