El 4 de noviembre pasado, durante un acto público, la Presidenta Claudia Sheinbaum se encaminaba —a pie— a una reunión de trabajo, mientras saludaba a la ciudadanía entre aplausos y teléfonos listos para la foto, súbitamente y por la espalda, un hombre se le aproximó —con aparente cordialidad— se inclinó hacia ella y, sin consentimiento, la abrazó, intentando besarla y tocarla hasta la altura de los senos; el hecho fue breve y espontáneo, del que incluso la propia jefa de las Fuerzas Armadas, no se percató al cien por ciento, al instante; pero esto quedó grabado para la posteridad en las cámaras y la mente del país entero.
La escena que vimos es violencia de género, y buscándole bien en los códigos penales, encontraríamos más “tela de dónde cortar”. Así que voy a avocarme a dos aspectos en esta columna: ¿qué sigue para una mujer, después de una invasión de estas magnitudes? Y ¿qué hace el Estado Mexicano para resguardarnos?
Medios internacionales como The New York Times en Español, El País y BBC Mundo coincidieron en que el incidente expuso la persistencia de un machismo estructural que no distingue jerarquías ni respeta los límites del poder femenino[1]. Lo que muchos llamaron “acoso” fue, en sentido jurídico, una agresión sexual, una conducta sin consentimiento que vulnera la libertad y seguridad sexual, sancionada penalmente y reconocida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación como una forma de violencia de género.
Extraigamos el abuso narrado, y coloquémoslo en esta escena, 7 de la mañana o de la noche, en cualesquiera estación del metro de la CDMX, todos los días miles de mujeres entran y salen entre empujones y tocamientos disfrazados de saturación; a quienes nos han abusado de tal manera, nos consta que de primera mano sientes incredulidad e impotencia; lo primero, porque no das crédito que en segundos te hayan tocado partes íntimas sin tu consentimiento, y lo segundo, porque entre la multitud, es sumamente complicado señalar a la persona responsable.
¿Qué sigue? Denunciar por supuesto, y ¿qué te detiene?, factores como la tramitología y escepticismo por parte de las autoridades –en su mayoría—. Pues si acudes a una fiscalía, te llevarás todo el día (el que seguro deberás pedir en tu trabajo). Luego, cuando narres la historia, corres el riesgo que alguien te culpe, por cómo ibas vestida, por meterte al vagón de los hombres, y use una retahíla de estereotipos, para terminar con tus intenciones. Subsecuentemente, en caso de presentar formal denuncia, qué esperanzas tiene esa investigación, si no tenemos claridad de quién nos tocó, o sí, pero habría que identificarlo, por ejemplo, a través de las cámaras, que no sabemos si sirvan, etcétera. Y ya siendo muy optimistas, de llegar ante una persona juzgadora, más allá de la posible revictimización que conlleva contar tu historia N veces, habrá una sanción (que no amerita estar en prisión) para quien resulte responsable, y te repararán el daño de manera económica.
Suena bien, pero ¿cuántas víctimas se animan a alzar la voz? ¿Qué duración tienen esos procesos? ¿Existen mejores o diversos mecanismos para prevenir o sancionar hechos como los narrados?
La reacción de Sheinbaum fue ejemplar, no respondió con ira ni con temor, sino con una serenidad institucional que revela convicción: “ninguna mujer, sea quien sea, debe ser tocada sin su consentimiento. No habrá tolerancia ni impunidad”, declaró con firmeza[2]. Decidió denunciar, poniéndose como ejemplo, alentándonos a todas a no ser víctimas nunca más.
No obstante, a sabiendas que cualquiera podría flaquear en el intento, inmediatamente el Gobierno de México, presentó el Plan Integral contra el Abuso Sexual, con alcance nacional que busca transformar la indignación en estructura, pues se orienta a modificar las condiciones jurídicas, institucionales y culturales que perpetúan la violencia sexual. Citlalli Hernández Mora, Secretaria de las Mujeres, subrayó que esta iniciativa parte de una premisa que ninguna mujer está sola, y el Estado tiene la obligación de garantizar entornos seguros y de respeto.
Entre sus principales líneas de acción se encuentra la homologación del tipo penal de abuso sexual como delito grave en todo el país; armonización legislativa en congresos locales; y campañas de concientización y sensibilización, aunado a la capacitación del personal judicial, policial y de transporte público para actuar con perspectiva de género. Todo ello dirigido a hombres y mujeres por igual.
Cada época ha luchado sus propias batallas, pero lo que ha sido persistente es la violencia estructural, disimulada de “costumbre”, la que cada día denunciaremos con más fuerza.
[1] https://www.nytimes.com/es/2025/11/06/espanol/america-latina/mexico-claudia-sheinbaum-acoso-sexual-machismo.html; https://elpais.com/sociedad/2025-11-07/el-mensaje-politico-que-hay-detras-de-la-agresion-a-sheinbaum-y-la-respuesta-de-la-presidenta-de-mexico.html; https://www.bbc.com/mundo/articles/cly91ypn58go
[2] https://elpais.com/sociedad/2025-11-07/el-mensaje-politico-que-hay-detras-de-la-agresion-a-sheinbaum-y-la-respuesta-de-la-presidenta-de-mexico.html





