viernes, 17 abril 2026
Hora: 1:05

Pemex y Petrobras: más que energía, una idea de región

Por: Frank Aguirre

“El mundo” anda distraído entre guerras lejanas y espectáculos globales, mientras hay movimientos que pasan casi en silencio, pero que dicen mucho más sobre el futuro.

Uno de ellos ocurrió recientemente, cuando Lula da Silva planteó a Claudia Sheinbaum la posibilidad de colaboración energética entre dos gigantes públicos: Pemex y Petrobras.

A primera vista, podría parecer un tema técnico. Un asunto de petróleo, producción o refinación. Pero no lo es.

Durante décadas, América Latina ha operado bajo una misma inercia: competir entre sí.
Países con enormes recursos naturales, negociando por separado, vendiendo barato, disputándose inversiones como si fueran escasas… mientras otros bloques del mundo avanzaban en sentido contrario.

Europa se integró. Asia articuló cadenas productivas. Estados Unidos protegió su mercado. ¿Y América Latina? semi-fragmentada. Esa fragmentación no es casualidad. Es resultado de una historia donde se nos enseñó a mirarnos como competencia antes que como posibilidad. Por eso, lo que Lula pone sobre la mesa no es un acuerdo energético. Es una idea política.

La posibilidad de que la región deje de pensarse como un conjunto de economías aisladas y empiece a actuar como bloque.

Porque cuando dos empresas estatales como Pemex y Petrobras se piensan en conjunto, lo que está en juego no es solo  más producción. Es soberanía compartida, capacidad de negociación. Y sí, poder.

Durante años se instaló la idea de que la única ruta viable era abrir, fragmentar, privatizar.
Reducir al Estado a un espectador y dejar que el mercado decidiera. Hoy, lo que empieza a asomarse es otra lógica. Una donde el Estado regule y articule, donde la cooperación sustituya a la competencia interna. Y una donde la integración no sea discurso, sino estrategia.

Pero esto no es nuevo. La integración latinoamericana ha sido, durante décadas, una aspiración recurrente. Una promesa que aparece, se diluye y vuelve a surgir en distintos momentos de la historia.

Lo nuevo no es la idea. Es el contexto.

Vivimos en un mundo que ya no gira en torno a una sola potencia, sino a bloques. Un mundo donde la escala importa y donde pocos están compitiendo solos. Y en ese escenario, América Latina tiene dos opciones: seguir fragmentado empezar a coordinarse.

México tiene un papel central en esa decisión.

Durante mucho tiempo, su mirada estuvo volcada hacia el norte. Hoy, sin dejar de ser parte de esa dinámica está comenzando a construir hacia el sur no solo como gesto simbólico, sino como proyecto estratégico.

Porque si algo deja ver esta propuesta es que la soberanía ya no puede pensarse en aislamiento. La autosuficiencia, por sí sola, es insuficiente. El verdadero desafío es construir interdependencia en nuestros propios términos. Una interdependencia que no implique subordinación y que prepondere la colaboración. Por eso, hablar de Pemex y Petrobras no es hablar solo de “energía». Es hablar de la posibilidad de que América Latina deje de competir consigo misma. De que entienda que su mayor debilidad ha sido su fragmentación.
Y que su mayor fuerza, si decide asumirla, puede ser su capacidad de actuar como región.

¿Vamos a seguir compitiendo entre nosotros o estamos listos para pensarnos como bloque? Hay que estar listos para lo segundo y respaldar a Claudia, la primera. La primera presidenta de este país.

 

Temas relacionados

Sobre el autor

Comparte en:

Comentarios