Por: Daniela Dávila
Pensar en el turismo mexicano es recordar la riqueza cultural de nuestro país. Y es que visitar México implica elegir entre una diversidad de destinos con la que pocos países pueden competir: cada uno ofrece, tanto al turista nacional como al extranjero, experiencias para todo tipo de intereses. Entre su grandeza gastronómica e histórica, conviven la selva, el desierto, la montaña, la ciudad y el mar en un mismo territorio, garantizando que cada viaje sea una experiencia única.
Todo ello convierte al turismo mexicano no solo en un orgullo nacional, sino en un sector con un papel estructural dentro de la economía del país. De acuerdo con cifras del INEGI, el PIB turístico representa alrededor del 8.7% del PIB nacional, consolidándose como uno de los principales sectores de servicios, solo por debajo de actividades como el comercio y la manufactura, con participaciones cercanas al 20% cada una.
Gran parte de la consolidación de este sector estratégico se explica por la participación de una institución creada para impulsar el desarrollo turístico bajo una visión de largo plazo: el Fondo Nacional de Fomento al Turismo, Fonatur.
Desde su creación hace 52 años, Fonatur ha sido el brazo estratégico del Estado mexicano para atraer inversión y detonar proyectos que transforman regiones, generan empleo y fortalecen la economía local a través del turismo. Su misión es clara: responder a la diversificación del sector turístico impulsando un desarrollo sostenible, equilibrado y con beneficios reales para las comunidades.
Para entender el trabajo de Fonatur, es necesario hablar de los Centros Integralmente Planeados (CIP), la estrategia de desarrollo turístico más importante que ha tenido el país. Fueron concebidos como polos que integran infraestructura, inversión y planeación urbana para desarrollar destinos de sol y playa y con ello, generar crecimiento económico sostenido.
A diferencia de otros destinos que crecieron de manera orgánica, los CIP se distinguen por haber sido diseñados bajo una metodología que definió, desde su origen, no solo las áreas destinadas al desarrollo, sino también la vocación específica de cada espacio. De esta manera, fue posible diferenciar entre zonas turísticas, comerciales e incluso residenciales, configurando así destinos integrales.
Gracias a esta visión y planeación, México se posicionó entre los principales destinos turísticos internacionales, con proyectos que hoy son referentes mundiales.
El primero de ellos es Cancún, el más emblemático. Fue el primer CIP creado por Fonatur, y pasó de ser una zona prácticamente despoblada en los años setenta a convertirse en uno de los destinos turísticos más visitados del mundo, con una infraestructura hotelera y aeroportuaria de primer nivel. Por otro lado, se encuentra Los Cabos, que consolidó el concepto de turismo de lujo con sustentabilidad, atrayendo inversión y generando empleo de manera sostenida.
En otra dimensión, Ixtapa y Huatulco se han consolidado como referentes del turismo de sol y playa tradicional, con infraestructura moderna y una oferta diversificada que busca integrarse con sus comunidades. Finalmente, Loreto y Nopoló representan una apuesta por un turismo de aventura, naturaleza y descanso, ampliando así el alcance del modelo hacia nuevas formas de turismo.
Actualmente, uno de los principales activos de Fonatur sigue siendo su inventario territorial en estos destinos, donde aún es posible desarrollar proyectos con precios competitivos y ubicaciones estratégicas. Se trata de terrenos que se encuentran en polígonos ya planeados y consolidados, con infraestructura existente y una vocación definida, lo que permite integrarlos de manera natural a la oferta turística de cada CIP.
En conjunto, este inventario no solo amplía las oportunidades de desarrollo, sino que permite atender distintos perfiles de inversión. Desde quienes buscan adquirir un patrimonio, hasta grandes cadenas hoteleras, Fonatur ofrece siempre procesos de comercialización e inversión transparentes y normados, con el objetivo de garantizar igualdad de oportunidades para todos los interesados y asegurar el mejor aprovechamiento del patrimonio público.
Es así como las grandes historias de inversión detrás de los mejores destinos del país no son casualidad, sino el resultado de una visión de Estado que entendió el potencial del turismo como motor de desarrollo regional. Hoy, ese mismo modelo sigue vigente y abre nuevas oportunidades para quienes buscan invertir en proyectos con certeza y planeación de largo plazo.
Porque el futuro del turismo mexicano depende, en gran medida, de fortalecer los destinos existentes para que sigan generando valor, identidad y oportunidades para quienes los habitan.
@danservinn
Economista por el Tecnológico de Monterrey y Subdirectora de Ventas en Fonatur. Ha desarrollado su trayectoria en la administración pública en áreas de análisis de datos, seguridad y estrategia territorial para impulsar proyectos con impacto y sentido público.



