Oaxaca amaneció de los muertos, infestada por la pestilencia de una crisis que no se gestó en este trienio, y que tampoco vislumbra una solución rápida. Hace casi un año, cuando el sindicato 3 de marzo rompió relaciones con el Municipio, tras los incumplimientos de la fatídica gestión de Oswaldo García Jarquín.
La crisis de la basura que vemos hoy expuesta en la calle, que tanto nos avergüenza e incomoda, y que tanto daño nos está haciendo en términos de salud y economía, es una cruda analogía de la corrupción enraizada por décadas en nuestro estado.
En honor a la verdad, antes de señalar a la actual administración, deberíamos hacer un recuento de los muchos corruptos enriquecidos del erario municipal y estatal, ¿por qué no acordarnos de un Fraguas que pasó dos veces por la silla y nada hizo al respecto? Un Villacaña que tejió una gran estructura electoral en las colonias pero poco atendió sus necesidades… Y qué decir de las grandes decepciones, Gabino y Oswaldo, dos frívolos que se enriquecieron ellos y sus amigos a costa del detrimento de nuestra Ciudad.
Ahora bien, nosotros como ciudadanía también estamos dejando mucho que desear, en primera por permitir que nos gobiernen aquellos impresentables e incluso, en algunos casos, hasta rendirles pleitesía bajo las premisas del clasismo. Hoy no soportan la basura en su casa, y en cambio optan por hacer un basurero infinito de nuestra ciudad patrimonio.
Tengamos claridad de la situación, ante esta grave problemática no hay solución fácil ni cómoda, esto trasciende la queja y los señalamientos y nos confronta con inercias mezquinas que es indispensable erradicar. Sin enfoque solidario por parte de gobierno y sociedad, no hay solución posible.











