viernes, 17 abril 2026
Hora: 4:34

Educar en y para la democracia

Uno de los aspectos centrales de la educación ciudadana es la defensa de la democracia como la forma más viable de organización social y de relación política entre gobernantes y gobernados, lo que sólo se posibilita cuando la ciudadanía valora la democracia porque la vive, así como reconoce las ventajas de elegir libremente el gobierno, sabiendo además que todo poder está limitado por la ley —y por tanto, aprecia las ventajas de contar con un sistema judicial justo, imparcial y expedito— así como de que se respeten las decisiones de las mayorías, considerando la opinión de las minorías, el pluralismo y la búsqueda del bien colectivo. La democracia ha sido definida como un sistema de gobierno, pero también, como una forma de organización social que en muchos casos se manifiesta en la vida cotidiana.

La democracia puede aprenderse y “aprehenderse” en los distintos escenarios sociopolíticos en los cuales se desenvuelven las personas, a través de un aprendizaje práctico que reporta una especial importancia, ya que la experiencia democrática no sólo hace posible que la puedan reproducir en otros contextos, sino que forma ciudadanos críticos/as. La educación democrática es, cada vez más, una clave esencial no sólo para que la formación académica sea vivenciada como un proceso democrático de construcción, sino también, del futuro de cada individuo y de la sociedad, generando ciudadanos/as que participen de manera proactiva en la vida pública, luchando por sus derechos, cumpliendo sus deberes familiares, institucionales y sociales, y participando e incidiendo en transformar el tejido social e institucional y de la sociedad misma. Se inicia en la familia, en tanto padres y madres reproducen relaciones democráticas y promueven que sus hijos e hijas aprendan a participar responsablemente en la toma de decisiones propias y familiares. Posteriormente, —desde el currículum de la educación formal— a través de las y los docentes, se da continuidad a dicha formación… pero también, y de forma relevante, por medio del ejemplo de nuestro actuar participamos en este proceso de construcción, tomando en cuenta que, dentro del entorno familiar, como en los centros educativos, se generan experiencias directas de vida en democracia.

En la escuela y en otros espacios de convivencia social es posible aprender las reglas democráticas utilizadas para resolver conflictos de manera pacífica y creativa, así como experimentar vivencias y fomentar la evaluación de la convivencia infantil y juvenil. El aprendizaje de la democracia implica apropiarse de nociones e información, aplicar la comprensión crítica, así como la práctica de valores y actitudes congruentes con esta forma de gobierno y de vida. El aula es espacio propicio para abordar los problemas sociales desde diversos puntos de vista, en un ambiente que posibilita tomar conciencia de ellos, crear sensibilidad al respecto y participar en su solución en la medida de las posibilidades de cada uno. Con base a lo aportado por diversas investigaciones, la formación de competencias cívicas y éticas tiene su culminación cuando lo aprendido es llevado a la práctica, es decir, cuando las y los alumnos participan de manera informada y responsable en el mejoramiento de la realidad en la que viven, porque reconocen que además de formar parte de un contexto social, los seres humanos tomamos parte en la construcción de ese contexto, lo que representa la diferencia entre asumir el “aquí nos tocó vivir” como algo casi natural, y el reconocer que tenemos alguna responsabilidad en todo lo que ocurre o deja de ocurrir en nuestro entorno, y conlleva transitar de una pertenencia pasiva a una participación activa.

Educar en y para la democracia resulta inaplazable, y es responsabilidad de todas y todos. Debemos educarnos y educar a quienes tenemos a nuestro cuidado en nuestras familias, escuelas… en nuestro entorno. Bernardo Toro, filósofo y educador, escribió: “Si la democracia es una cosmovisión, o sea una forma de ver el mundo, la comprensión del concepto de la democracia puede transformar la educación totalmente. Una sociedad que se decide por la democracia debe preguntarse cómo tiene que concebir su educación, cómo tiene que diseñar sus escuelas y lo que allí ocurre, qué transformaciones hay que hacer para formar ciudadanos democráticos y promover formas democráticas de pensar, sentir y actuar”. Asumamos la fundamental importancia de vivir en y para la democracia: seamos honestos/as, responsables, comprometidos/as, participativos/as; recordemos que la tolerancia y el aprecio por la diversidad deben practicarse hasta conseguir se instituyan como rasgo tanto de la personalidad propia, como de la sociedad a la que tenemos la gran oportunidad de pertenecer… aprendamos a valorarla, disfrutarla, celebrarla y fortalecerla.

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