El principal motor del desarrollo social, económico humano, tecnológico, científico pero sobre todo intelectual es la educación, sobre todo la educación pública, esa que el secular régimen priista se encargó de construir y luego desmantelar desde lo estructural hasta lo financiero.
Así lo demuestran los datos que revelan las primeras investigaciones de la Primavera Oaxaqueña que nos dan un atisbo de lo que hicieron durante años: robar, ocultar y gastar como si el dinero público fuera propiedad de la clase política convertida en una oligarquía tiránica.
Las investigaciones en el Instituto de Estudios de Bachillerato de Oaxaca (IEBO), Colegio de Bachilleres de Oaxaca (Cobao) y el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Oaxaca (CECYTEO), deben continuar hasta llegar al fondo, no solo para castigar a los responsables sino para desarticular el sistema de corrupción que se enquistó en la educación media superior.
Porque la tentación es grande, el dinero es demasiado y las maneras de sangrar al pueblo pueden ser demasiado creativas e indetectables, por eso deben erradicarse viejas prácticas como la venta de las guías en el Cobao y tendrá que haber un proceso, aunque tortuoso, necesario para desaparecer el sindicato espurio que crearon en el IEBO que amenaza con reventar la estabilidad financiera de esta institución que están rescatando del colapso.
Pero no olvidemos lo principal, que es la calidad educativa. El Cobao construyó durante cuatro décadas una reputación de prestigio académico que era conocida más allá de Oaxaca, pues había maestros de las principales universidades de la Ciudad de México y Puebla que sabían que, los egresados de este bachillerato llegaban bien preparados para competir con cualquiera en las aulas.
Hoy la realidad es otra, pues vemos cómo ha disminuido la matrícula estudiantil y aumentado el presupuesto, una ecuación inversamente proporcional que levanta la suspicacia del más obtuso.
Es necesario aprender de los errores del pasado y dejarlos conjugados en pretérito, hacer un análisis hondo y de raíz, porque los que le hicieron daños ya se fueron con las cuentas bancarias llenas pero ahora, a diferencia de antes, el miedo les persigue.
Hay que respetar a los profesores y trabajadores de carrera que son pilares que han sostenido (con palillos) estas instituciones que desmembraron.
Ojalá que los nuevos directores y directoras evalúen con cabeza fría, porque en la academia no deben permitirse revanchas políticas y menos de quienes no lo son, pues hay amenazas de despido para personas que llevaban 20 años de antigüedad y los echaron con una mano atrás y otra adelante. En todo hay que tener dignidad, sobre todo grandeza en la victoria.











