Dentro de una sociedad democrática, es fundamental la existencia de pluralidad política. En teoría, una gran parte de esto se logra gracias a la existencia de diferentes partidos políticos, agrupaciones, asociaciones civiles o colectivos de personas organizadas. Cada una de estas organizaciones cuenta con una identidad ideológica y política única, por medio de la cual se enfoca en perseguir, alcanzar y representar diferentes ideales o agendas, priorizando todo aquello que consideran fundamental para el correcto avance y desarrollo nacional.
Gracias a estas diferencias ideológicas, nace el debate político, una poderosa herramienta para que las personas se involucren en la toma de decisiones públicas, abrazando así la discusión y apoyando una u otra postura, incluso proponiendo nuevas ideas, iniciativas o soluciones.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando varias de las organizaciones políticas se niegan a desempeñar su papel dentro de una sociedad democrática? Dejan de debatir coherentemente, se ausentan de las sesiones en los cabildos y congresos donde tienen presencia, abandonan las acciones de acercamiento con la ciudadanía por medio del trabajo territorial y terminan por evadir la responsabilidad que tienen de representar a quienes posiblemente aún encuentran algo rescatable en ellas. Las organizaciones que incurren en esto están destinadas a desaparecer. Tal es el caso de lo que sucede actualmente al interior de los partidos políticos que integran «la oposición»: el PAN y el PRI.
El Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional están viviendo lo que pasará a la historia como sus últimos procesos electorales. Con el paso de los años, fueron perdiendo la confianza de la ciudadanía debido a los gigantescos escándalos de corrupción, violencia y narcotráfico en los que se vieron involucrados. Hoy en día, los pocos representantes populares que les quedan (en su mayoría plurinominales) carecen de la integridad moral necesaria para articular un debate coherente. Por ello, se han limitado a desinformar, descalificar y difamar mediante narrativas de miedo y odio los diferentes proyectos de Transformación impulsados por el gobierno de nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, así como por los diversos representantes populares emanados de Morena. El PRI y el PAN están escribiendo el final de su historia al continuar fallándole al Pueblo de México.
A su vez, en enero de este año, 89 organizaciones manifestaron ante el Instituto Nacional Electoral su intención de constituir un nuevo partido político nacional. De estas, únicamente 81 cumplieron con los requisitos iniciales para continuar con su proceso de constitución.
¿Realmente en México necesitamos otros 81 partidos políticos para ser una sociedad más democrática? Lo que sí necesitamos es una mayor cantidad de políticos comprometidos con el futuro de México y con el bienestar del Pueblo; y que, aunque no todos compartan nuestros ideales de Transformación, sean una verdadera oposición, capaz de construir en conjunto las soluciones a los problemas que, como nación, enfrentamos. Representantes populares que abracen dignamente la responsabilidad de representar a quienes les brindaron su confianza.
No necesitamos más partidos políticos que carezcan de ideología. Tampoco necesitamos nuevos partidos que busquen aprovecharse de las victorias de un exitoso proyecto de nación en el cual recae la confianza de millones de mexicanas y mexicanos, solo para alcanzar su registro ante el INE. El legado del presidente Andrés Manuel López Obrador pertenece al Pueblo, y su vehículo institucional para continuar materializando la Transformación nacional es Morena. No hay más.
Una parte fundamental de la pluralidad política dentro de las sociedades democráticas radicada al interior de los partidos políticos, no únicamente entre ellos. Por ello, es indispensable que quienes buscamos trabajar por la Transformación nacional lo hagamos de manera activa, militando y promoviendo, desde nuestra militancia, todo aquello que consideramos correcto.
Las y los mexicanos ya no queremos más partidos políticos sin ideología propia, sin compromiso con las personas, sin coherencia entre sus discursos y sus actos. Luchemos desde donde lo consideremos correcto, desde el partido político, la agrupación política o la asociación civil de nuestra preferencia. Pero, así como lo dijo el Presidente Andrés Manuel López Obrador, nunca olvidemos que: «Lo más importante es luchar por la Transformación del país».



