miércoles, 29 abril 2026
Hora: 23:24

La elección judicial: un paso hacia la democracia plena

Desde que tengo memoria, México ha sido un país que ha anhelado la justicia.

Se ha enseñado en las aulas como un valor esencial, pero durante décadas, esa palabra fue solo un eco vacío para millones.

Hoy, en este 2025, estamos viviendo un momento histórico que muchos creían inalcanzable: por primera vez, el Pueblo mexicano tuvo la oportunidad de elegir directamente a quienes formarán el Nuevo Poder Judicial.

Como servidora pública, no puedo evitar reflexionar sobre la profundidad de este cambio. Durante años, nos enseñaron que el Poder Judicial era autónomo, pero en la práctica, su selección estaba en manos de élites desconectadas de la realidad del Pueblo. ¿Cómo podemos hablar de democracia si una parte fundamental del Estado se decidía sin la voz del Pueblo?

La elección judicial es una respuesta clara a una antigua demanda de justicia legítima. Es la materialización de una reforma audaz impulsada por la Cuarta Transformación: que el poder provenga del Pueblo y que nadie esté por encima de él.

Entiendo que hay quienes sienten temor ante este proceso. Que mencionan la “politización” o el “populismo”. Yo les diría: ¿no es acaso más político un juez que debe favores a quienes lo nombraron en secreto? ¿No es más justo que quienes administran justicia enfrenten el juicio del Pueblo y rindan cuentas con la misma dignidad con la que juraron su cargo? La selección de juezas, jueces, magistradas, magistrados y ministros y ministras se hacía entre cúpulas y dedazos sin participación ciudadana y sin rendición de cuentas ante la sociedad. Esta reforma, impulsada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, rompe con esa lógica y devuelve al Pueblo el derecho de decidir.

La participación ciudadana realmente fortalece nuestras instituciones. Aquellos que son elegidos por el Pueblo tienen un compromiso más profundo al gobernar o juzgar. La vigilancia de la comunidad actúa como un antídoto contra la impunidad. Y cuando se toman decisiones cruciales en la vida pública, como las sentencias judiciales, con un respaldo social legítimo, se refuerza el Estado de Derecho.

En el ámbito público también lo hemos visto con claridad: la educación también ha cambiado cuando dejamos de mirar desde arriba y comenzamos a escuchar desde abajo. Las escuelas se transforman cuando las comunidades participan. Así también se transforma la justicia.

Sé que este camino apenas comienza. La elección judicial no resolverá de la noche a la mañana los grandes desafíos de nuestro sistema. Pero sí establece una base sólida: la confianza popular como principio y fin del poder público. Como mujer, como ciudadana y como servidora pública, estoy emocionada por lo que este nuevo capítulo puede significar para nuestro país.

Hoy, las niñas y niños de este país pueden aprender una lección invaluable: que la justicia no es un privilegio, es un derecho de todas y todos. Y que, en esta nueva etapa, el Pueblo mexicano no solo observa: El Pueblo participa, elige y transforma.

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