Ciudad de México a 10 marzo, 2026, 9: 40 hora del centro.
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Apología del genocidio: de Yellowstone a Palestina

postal PP horizontal Hernan Garza

Justo ahora, cuando la agencia de ayuda humanitaria Médicos sin Frontera denuncia una catástrofe sin precedentes en Palestina[1] —con Gaza al borde del colapso total— el documental The Settlers,[2] que explora el crecimiento y la radicalización del movimiento de colonos judíos en los territorios ocupados de Palestina, logró romper el cerco mediático impuesto a reporteros y agencias de noticias extranjeras que desde mucho antes de los eventos del 7 de octubre de 2023 les ha impidiendo reportar desde el territorio la combinación de bloqueos, violencias y falta de recursos que han creado condiciones de vida insostenibles, donde la población palestina carece de alimentos, agua, atención médica y refugio, mientras los esfuerzos humanitarios se ven gravemente obstaculizados.

El director de The Settlers, Louis Theroux, utiliza un enfoque directo y crítico, que se convierte en una respuesta necesaria para enfrentar con mirada incisiva las ideologías extremas del conflicto israelí-palestino en su estado más crudo y polarizado, que me hicieron recordar las narrativas épicas de la serie Yellowstone, en particular la precuela 1883, cuando la familia Dutton se adueña de enormes extensiones territoriales a finales del siglo XIX.

Yellowstone es una saga contemporánea ambientada en Montana, que gira en torno a John Dutton III y su enorme rancho, “el más grande del país”, enfrentando amenazas constantes de corporaciones, desarrolladores inmobiliarios, tribus indígenas y del propio gobierno. El universo Yellowstone sostiene el mito del vaquero moderno: un hombre blanco que defiende su propiedad frente a un mundo caótico. Esta figura, heredera del western clásico, se asienta sobre la idea que la violencia del colonizador es necesaria para imponer el orden, algo que vemos replicado hoy en Palestina, en figuras como Daniella Weiss, una líder sionista radical que afirma en el documental haber reclutado a 800 familias para establecerse en Gaza, con el supuesto apoyo tácito del primer ministro Netanyahu.

Si bien Yellowstone incluye en la trama a los pueblos originarios, lo hace desde una perspectiva blanca, conservadora y centrada en el rancho como símbolo de poder. Y aunque ofrece algunos momentos valiosos, no rompe con los esquemas coloniales de las películas de vaqueros. En los productos culturales y mediáticos de las potencias dominantes, los pueblos desplazados rara vez son protagonistas de su propia historia. En el imaginario de Yellowstone, los nativos americanos están presentes, pero siempre en los márgenes, como figuras espirituales sin trascendencia, son incómodos obstáculos simbólicos que hay que eludir. Este enfoque ilustra cómo el discurso occidental contemporáneo reduce a los palestinos a figuras sin agencia, definidos no por su identidad, historia o cultura, sino por su vínculo con el conflicto.

En la narrativa occidental dominante, los palestinos aparecen como irracionales o extremistas, justificando la violencia estructural de los Estados que los controlan. En Yellowstone y sus precuelas 1883 y 1923, los pueblos indígenas son representados como custodios de una sabiduría ancestral, pero esa espiritualidad es utilizada más como ornamento cultural que como voz política. De forma análoga, en muchos relatos occidentales sobre los palestinos, se exaltan sus expresiones culturales o religiosas pero se invisibiliza su discurso político o se criminaliza su lucha por la autodeterminación. El colonizador aparece siempre como el defensor de la civilización, y el colonizado como amenaza.

La forma en que Yellowstone presenta a los pueblos indígenas no dista mucho de cómo los medios occidentales narran el conflicto palestino: en ambos casos, el desplazado está ahí, pero subordinado, simplificado, domesticado o demonizado. Mientras el blanco del oeste americano cumple su Destino Manifiesto construyendo una mitología de propiedad privada con sacrificio personal, el colono israelí invade territorios palestinos para llevar seguridad y progreso a la Tierra Prometida. El resultado es siempre el mismo: se niega la complejidad y humanidad plena del otro para consolidar una narrativa que justifica la dominación y la violencia.

Series como Yellowstone sirven para reafirmar la narrativa dominante que convierte a los pueblos originarios y ocupados en telones de fondo para el drama de los ocupantes, en donde la tierra se representa, no como un derecho legítimo de quienes la habitan ancestralmente, sino como un trofeo simbólico en disputa entre actores con mayor visibilidad mediática. Esta omisión no es inocente: al reducir a indígenas y palestinos a figuras marginales o problemáticas, se justifican desde los despojos hasta el genocidio, desactivando cualquier reclamo de soberanía. El resultado es una ficción —televisiva o periodística— que perpetúa una historia contada desde el poder, donde la legitimidad no se basa en la justicia histórica, sino en la capacidad de imponer un relato.

[1] El desplazamiento masivo en el norte de Cisjordania afecta dramáticamente a los palestinos

[2] Here’s the FULL Louis Theroux documentary on Israeli settlers.

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