junio 12, 2021

Pluma Patriótica

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martes, 28 enero, 2020
Le echó ganas

Le echó ganas

El hombre más rico de este país es moreno”, se aventó a escribir Cecilia Soto en su cuenta de Twitter el domingo, en alusión a la discusión que en los últimos días se ha generado en torno a si el racismo y la discriminación son factores determinantes en la desigualdad de la distribución de la riqueza y el bienestar social de las personas.

La afirmación de la exlegisladora, que intenta ser una descripción de lo que verdaderamente ocurre en México, no puede ser más equivocada y tramposa.

De la misma manera en que cuando se habla de feminicidios, no falta quien salga a decir que “también existe el maltrato a los hombres”, Cecilia Soto niega que el color de piel o los rasgos étnicos asignen un lugar económico, social y en los derechos de la gente. La lógica llevaría a pensar, entonces, que de acuerdo con este modelo de sistema que plantea, ese hombre más rico del país, como cualquier otro, llegó a ese lugar porque le echó ganas.

La equivocación ya era alarmante frente a lo que cualquiera puede ver todos los días en pantallas de televisión, en el trabajo, en la aplicación de justicia y hasta en comentarios familiares o de amigos. Pero se vuelve francamente escandaloso cuando se le ve a la luz de los resultados del último informe de Oxfam sobre el tema, mismos que han estado circulando y que, por cierto, fueron los que reavivaron la discusión sobre la prevalencia del racismo estructural en México.

¿Qué dicen esos resultados?

Los hombres con un tono de piel moreno u oscuro tienen 28 por ciento menos probabilidad de alcanzar un lugar en el nivel más alto de las mediciones de riqueza del país. En el caso de ser mulatos, la probabilidad es 46 por ciento menor que en aquellos que nacieron con un tono de piel blanca o moreno clara. Lo mismo sucede con aquellos cuya lengua es indígena: su probabilidad de ocupar un lugar en ese espacio económico es 59 por ciento menor. La situación se agrava cuando se combinan las características mencionadas, y en el fondo de la pirámide de probabilidades se encuentra, en cualquiera de los casos, la adición de ser mujer. Lo que esto significa es que a mayor lejanía con el origen indígena o afrodescendiente se tienen más probabilidades de estar arriba.

Una enorme parte de la explicación proviene de lo que en materia de oportunidades se ha conceptualizado como la acumulación originaria o histórica de desventajas (o ventajas), y eso también forma parte de los hallazgos del estudio, al encontrar una relación entre las características étnico raciales de las familias de quienes forman parte de la muestra y la condición económica de las mismas: 72 por ciento de quienes provienen de familias de lenguas indígenas, 51 por ciento de quienes se asumen como indígenas, 37 por ciento de las que son mulatas o negras y 35 por ciento de las que se describen con un tono oscuro de piel pertenecen a la capa económica más pobre, mientras que quienes provienen de familias con características mestizas o blancas se encuentran en niveles de riqueza superior. Quienes en este país pertenecen a los primeros grupos enfrentan la doble condición de partir de la pobreza y de tener rasgos físicos y culturales por los que seguirán siendo discriminados, condiciones ambas que implican una menor oportunidad de moverse de lugar. Entonces: ¿una persona morena o de rasgos indígenas puede ser rico en México? Seguro. ¿Eso nos describe como país? Sólo la parte de la afirmación en la que existe una desigualdad tan grave que permite que se siga hablando de ricos y de pobres.

Azul Alzaga Magaña. Analista política y social, politóloga del CIDE
y fundadora de la Asociación Civil Observatorio de la Justicia A.C.
Actualmente es colaboradora de Milenio como columnista invitada
en temas políticos, en materia de comunicación, seguridad y justicia,
así como co-conductora del noticiero dominical de las 22:00
y del segmento de entrevistas
La conversación

@azulalzaga

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