El 16 de septiembre de 2025 quedará grabado en la memoria nacional como la primera vez que una mujer encabezó el desfile militar en conmemoración de la Independencia. El hecho, cargado de simbolismo, trasciende lo protocolario: es la confirmación de un cambio profundo en la vida política de México. Claudia Sheinbaum, a casi un año de haber asumido la presidencia, se plantó en el balcón principal del Palacio Nacional no solo como jefa de Estado, sino como representante de una transformación cultural que comenzó décadas atrás y que hoy cristaliza en la figura de la primera presidenta.
Más allá del gesto histórico, la fecha invita a un balance político. ¿Qué ha sido lo mejor de estos meses de gobierno y cuáles son los retos más complejos que enfrentará la Presidenta Sheinbaum?
Sin duda uno de los aciertos más visibles de su administración ha sido mantener la estabilidad económica. Dado el contexto internacional adverso, con las continuas tensiones comerciales y múltiples riesgos externos, México sostiene un crecimiento contra todo pronóstico, una inflación controlada y un peso relativamente fuerte. Afortunadamente se ha logrado mandar señales de confianza y certidumbre a los mercados e inversores extranjeros.
Claudia Sheinbaum ha sabido reforzar los programas prioritarios heredados, como las pensiones universales para adultos mayores, al tiempo que ha empezado a imprimir su propia marca. Su apuesta por la transición energética, la movilidad sustentable y el desarrollo tecnológico reflejan un enfoque que busca proyectar al país hacia el futuro. Poco se habla de su impulso a la electromovilidad y a las energías limpias, donde México podría posicionarse como líder regional.
Otro punto a su favor es el estilo de gobierno. Aunque cercana a Andrés Manuel López Obrador en términos de continuidad, Sheinbaum ejerce una presidencia y un liderazgo más técnico, con menor carga confrontativa en el discurso y mayor énfasis en la evidencia científica y los resultados.
Aunque positivo, no todo es positivo: el principal reto sigue siendo la seguridad. A pesar de la enorme y buena gestión encabezada por Omar García Harfuch, los indicadores de violencia no han cedido lo suficiente y las estrategias implementadas muestran resultados desiguales según la región. Para los malquerientes del segundo piso de la Cuarta Transformación, la presencia de la Guardia Nacional en tareas de seguridad pública, aunque necesaria, sigue generando debate sobre la militarización de la vida civil.
Habrá que estar muy al pendiente de los trabajos en el Poder Legislativo, en especial en lo referente a la Reforma Electoral y qué tanto serán escuchadas todas las voces de nuestra gran nación. Pareciera que el único enemigo de Morena es Morena mismo: sin una oposición fuerte, serán las tensiones internas las que dificulten el día a día de la política nacional.
En el terreno internacional, la relación con Estados Unidos se mantiene como un delicado equilibrio. La discusión sobre migración, seguridad fronteriza y comercio seguirá siendo fuente de fricciones. La Presidenta deberá desplegar toda su capacidad diplomática para defender la soberanía mexicana sin romper la cooperación estratégica.
Volviendo al desfile del 16 de septiembre, el peso simbólico es innegable. Durante más de dos siglos, las ceremonias de Independencia fueron encabezadas exclusivamente por hombres. Hoy, la imagen de una mujer presidenta pasando revista a las Fuerzas Armadas, flanqueada por cadetes, generales y el gabinete, abre una nueva página en la historia nacional.
El simbolismo se multiplica al considerar que el ejército y la marina son instituciones tradicionalmente masculinas, forjadas en códigos de disciplina y jerarquía. Ver a la comandanta suprema de las Fuerzas Armadas en la figura de Sheinbaum no es un detalle menor: es la expresión de que los techos de cristal también caen en los espacios más rígidos de la vida pública.
Este acto no borra de golpe las desigualdades de género ni las violencias que enfrentan millones de mujeres en México, pero sí envía un mensaje de reconocimiento y esperanza. La presidenta no solo gobierna, sino que encarna la posibilidad de un país más justo e igualitario.
Claudia Sheinbaum llega a este momento con logros en estabilidad económica, políticas sociales y un estilo de gobierno propio, pero también con retos urgentes en seguridad, cohesión política y la relación México-Estados Unidos.



