Pluma Patriótica

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marta

El papel de los medios

En el debate público existe una idea común en torno a la relación entre el despliegue de las nuevas tecnologías y los medios de comunicación; es común escuchar aseveraciones en las que se destaca la apertura de los medios y su democratización, así como el nivel que ha alcanzado la libertad de expresión gracias a las plataformas de información digital y la relación simbiótica que tienen con la globalización. Sin embargo, en este mismo debate público prevalece la magnificación de los aspectos positivos que se desarrollan actualmente en el escenario de los medios y muy pocas veces se ve el “lado oscuro” de la industria, se ha llegado incluso a estigmatizar esa crítica cuando cuestiona el papel de los medios en las democracias y en la vida pública. 

Los medios de comunicación, incluso los no tradicionales, no están libres de control, defender su total independencia es, por decir lo menos, ingenuo, el control no solamente se ejerce por quienes deciden los contenidos y dirigen el medio, sino también por los gigantes que están detrás de las plataformas mediante las cuales estos medios se proyectan, ambos -medios y plataformas digitales, sobre todo los de más alcance- siguen formando parte de un sistema con códigos de valor específicos que incluye a aquello que se adapte a estos códigos dominantes. 

Los medios son actores políticos que irrumpen en las decisiones que afectan lo público pero que pocas veces se someten al escrutinio y rinden cuentas como otros actores políticos tradicionales, sobre todo cuando se trata de grandes medios procedentes de las clases oligárquicas cuyos intereses son más que conocidos. Los grandes medios no son sino un brazo más de las clases dominantes para mantener el status quo del que se benefician, y lo hacen de manera inteligente, al punto de manipular a las personas que lejos de estar conscientes de ello creen que se están informando de manera libre.

Al menos en América Latina se ha comprobado a lo largo de la historia que los grandes medios siempre han estado a favor de las élites a quienes lavan y blanquean, y, por otro lado, han actuado deliberadamente en contra de los gobiernos populares de la región, lo vemos a diario en la doble moral de sus titulares que cambian el sentido de su mensaje dependiendo de qué país se esté hablando. Ante la crítica, los voceros de estos medios se victimizan, más nunca asumen la responsabilidad de la información que difunden y las consecuencias que ésta pueda tener en la vida de las personas. 

Pero lo más grave es quizás lo que describe Matt Taibbi (2019) en Hate Inc., que es el cómo los medios siembran odio entre la población y nos hacen odiarnos unos a otros, lo que por desgracia se ve reflejado en acciones ejecutadas en la vida real, en la visceralidad del discurso o en las confrontaciones y odios focalizados hacia grupos de población, movimientos sociales, sectores de la población o políticas públicas, y lo peor de todo es que tienen ganancias a partir de ello. En este punto es donde la gravedad de la manipulación mediática se vuelve realmente grave porque las víctimas de estas estrategias son en su mayoría individuos o grupos en situación de vulnerabilidad.

Aunque está más que claro que éste no es el actuar general de todos los medios, es posible identificar elementos muy similares y una misma línea que prevalece en los medios más grandes y de mayor poder.

Actualmente, con la emergencia de nuevas plataformas informativas la arena del debate ha permitido el ingreso de más actores, pero para dar la batalla mediática aún falta mucho, sobre todo teniendo en cuenta que la batalla a veces es en contra de medios respaldados por los poderes fácticos.

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