El tema del bienestar animal en los últimos años ha tomado la fuerza que siempre debió tener: la de una convicción latente de una sociedad, y debo decir una humanidad, que exige que cualquier decisión pública, anteponga ante cualquier circunstancia, la vida, el bienestar y la protección de cualquier ser vivo.
Esa es la convicción que el planeta debió tener siempre. Así que debemos explicar que un cambio de paradigma se ha consolidado ya: la causa de proteger animales no debe ir ya en la agenda medioambiental, sino que se le debe dar el tamaño, el presupuesto y el enfoque de una causa de transformación social. Al proteger animales, protegemos lo más bello que tenemos como humanidad; al preocuparnos, y ocuparnos por los que más nos necesitan estamos promoviendo el desarrollo de culturas y sociedades más humanas. Los dos ejemplos del título lo retratan de una manera muy profunda, me explico:
En el caso de los hipopótamos de Colombia, la ministra encargada del Medio Ambiente de su país dijo que tenían que matar a los hipopótamos, porque eran una plaga, un problema, y afectaban seriamente a un ecosistema, sin pensar en los hipopótamos no pidieron nacer ahí, reproducirse sin control, y tampoco eligieron ser desatendidos por un Estado irresponsable que no acepta que esterilizarlos resultaría más sencillo que sacrificarlos (por no decir ético, responsable o barato). Siendo así, Colombia cometía el terrible delito humanitario de creer que una valorización con criterios medioambientales era más importante que el establecimiento de una estrategia con criterios animalistas. Entonces, la mayoría de los activistas en Latinoamérica expusimos no sólo lo equivocada que estaba esa señora, sino que los criterios que antes colocaban a la causa y a las áreas de bienestar animal como algo absurdo, hoy son el eje rector, porque la gente desea que esta causa sea escuchada. Dentro de la agenda medioambiental no sólo son antiquísimas y obsoletas las ideas que ponen a los animales como un problema, sino que son limitativos de marcos legales donde los seres vivos son individuos con derechos, y ahora son el punto de partida para la toma de decisiones. Ante cualquier situación con un enfoque ambiental, se tiene que priorizar a los animales.
Por otra parte, algo que me partió el corazón y que me ha resultado muy doloroso es que mientras levantábamos la voz para exigir que se frenara el asesinato de hipopótamos en Colombia, nos enteramos que una senadora (antes presidenta municipal en Tecámac, Estado de México), de una manera que aún no alcanzo ni siquiera entender, decidió utilizar dinero público para asesinar perros indiscriminadamente como si esta fuera una medida de control aceptada en el siglo actual y no como algo que ocurría igual de terriblemente en los años 50, 60, o 70 en este país. Más allá de que una norma absurda dentro de su municipio considerara (así como los hipopótamos en Colombia) que los perros son un problema, una plaga, o que por reaccionar de acuerdo con sus instintos se les tiene que matar, esta señora no sólo debería perder el fuero, sino que a partir de su terrible confesión pública, debería ser encarcelada y con ello motivar a la creación de una ley general que establezca los criterios donde cada municipio esté obligado a destinar un porcentaje de su presupuesto a jornadas de esterilización permanentes. Así sucede ya en la CDMX, donde los alcaldes ya tendrían que estarlo cumpliendo y aún no logramos que lo hagan al 100%. Pero en eso estamos avanzando: no matando, sino esterilizando.
Sean hipopótamos o sean perros, el bienestar animal es hoy una exigencia que las personas colocarán en cualquier agenda pública, sin importar el color o las siglas partidistas y que todos aquellos que tenemos la convicción de un México y una tierra de causas, lucharemos por lograrlo.
Toda vida animal merece ser protegida, porque esta es también su planeta Tierra.
Porque el corazón animalista que está encendido en México, nadie ni nada lo parará, y es nuestra obligación (sin importar nuestro cargo) en recordar que luchar por los más inocentes tiene que ser nuestra convicción más profunda de todos los días.



