junio 12, 2021

Pluma Patriótica

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miércoles, 12 febrero, 2020
La bas

La bas

Fui a recoger agua al charco con Ella. Ocasionalmente algún cabrón le prendía fuego al campo, nuestro baldío de 12 hectáreas detrás de las casas; nosotros jugábamos a los bomberos. Éramos buenos.

Se agachó a recoger el agua y le vi los calzones, se dio cuenta y abrió un poquito más las piernas, sonrió y luego las cerró. Estábamos en cuclillas uno frente al otro con cubetas que encontramos tiradas, el campo también servía de basurero clandestino ocasionalmente. Regresamos a combatir el fuego y lo apagamos. Que lástima, hubiera querido regresar con ella a los charcos toda la infancia.

Sin que me vieran volví a prenderle fuego al pasto para acompañarla a acarrear agua, no volví a tener la misma suerte. Me conforme sólo con verla pasar.

Pinche mono, le volviste a prender fuego al pasto.

-Nel, yo no fui hijo.

-No te hagas pendejo, si yo te vi.

-A que no es cierto.

Terminamos de apagar el incendio y volvimos a la cuadra. En el camino la alcancé y platicamos un poco.

-Huyyyy se gustan.

-Nel, no es cierto.

-Te gusta la Grisel.

-Cállate el pinche hocico.

A ella también la molestaron las niñas, nos separamos y siguieron chingando:

-Te gusta la diente frío.

-Nel, ya ‘pérate.

-Ya, cásate con ella y hazle un nene bello con dientes chuecos.

Pinche Isrra, era bien molesto na’más que le tenía miedo porque era re bueno pa’los putazos y mi jefa no me dejaba pelearme; nunca aprendí a meter las manos. Poco a poco nos distrajimos con otras cosas. Platicamos de nada, arrojamos piedras a los coches que pasaban por la colonia de al lado, escondidos tras una barda; jugamos guerritas y a los espadazos.

En la calle se nos hizo de noche, como siempre, y antes de que el sol terminara de irse Grisel dijo que se tenía un meter un rato y se lo llevó la luz con ella.

Era hora de jugar botella: preguntas o castigos. Siempre preferíamos castigos, éramos muy precoces y a los 10 ya nos metíamos buenos fajes. Perla me pregunto quién me gustaba y todos dijeron: la diente frío, volvieron a chingar con eso.

-¡Grisel, dice este güey que te ama!

-Cállate pendejo, no grites, no me gusta. Esta bien pinche fea y tiene los dientes chuecos, me gusta la Wendy.

Wendy, la güerita de la calle, era inalcanzable y muy normal que a todos nos gustara, incluso al Isrra, entonces todos dejaron de molestar y seguimos con el juego.

Grisel volvió a salir cuando estábamos jugando bote pateado. Yo no era particularmente bueno en el juego, me conformaba con no ser encontrado primero, con eso bastaba. El Isrra si era un campeón, corría bien recio, se escondía bien y madreba a quién no lo dejara ganar. Sobra decir que todas las morritas babeaban por él.

En la primera ronda del juego no me quise esconder con Ella para no despertar sospechas, decidí esperar a la tercera o cuarta, refugiarnos en algún rincón obscuro y estar a solas, lejos de las miradas y los juicios de todos, para besarla y tocarla, como si fuera sagrada.

La vi correr hacia el patio del “Juanito”, un espacio obscuro con varios arbustos donde era imposible ser encontrado sin descuidar la bas y perder el juego. Lo pensé y decidí esperar una ronda más, corrí en sentido contrario y me escondí.

Esta vez lo hice muy bien, estaba cerca de la bas y nadie me veía, esta vez yo sería el héroe. Me ganaba la risa nerviosa y la emoción, que se siente bien raro en la panza. Salí de mi escondite y eché a correr hacia el bote, el Popi me vio y corrió para agarrarlo primero, tarde; yo iba más adelantado y era más rápido.

Los músculos tensos, el corazón latiendo fuerte, la emoción de ser el que salve a todos, el que le gane a todos y demostrar que eres tan bueno como cualquiera, que eres astuto y rápido. Tu acto reivindicativo para cobrarte burlas, humillaciones y el abuso de los más fuertes, de los más grandes, de los que sí salieron buenos pal’ chingadazo. La reconciliación con el ego vilipendiado de un niño buleado, la gloria suprema de la infancia. ¿Sabes a que suena la gloria cuando eres niño? ¿Sabes cómo se oye el rechinido de las puertas del cielo? Exacto, como una lata de aluminio rodando por el suelo.

-“¡Salvación por mí y todos mis amigos!”, grité.

-“¡Ya salgan, fue salvación!”, gritaron los demás.

Pero Grisel nunca salió, ni el Isrra volvió a mostrar la cara; se acabó el juego y todos nos fuimos a dormir.

Un año después ella y su familia se mudarían a Zacatecas y otra familia ocuparía su casa; en el campo hoy hay un multifamiliar de 120 casas y yo no he vuelto a jugar bote pateado desde que deje de ser niño.

Sigo corriendo, pero hacia otro tipo de bas.

Tenoch Huerta. Actor mexicano de cine y televisión, ha participado en películas  y series como Güeros, Nómadas Narcos: México

@TenochHuerta

Otros textos del autor:

-Tú ya estás del otro lado

-Mejorar la raza

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