Pluma Patriótica

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Mirar al sur

En recientes semanas he escuchado opiniones encontradas respecto a la política exterior de México en tiempos de la Cuarta Transformación. Por tal motivo hoy pretendo emitir la mía y resaltar la importancia de que nuestro país vuelva a levantar la mirada al Sur de nuestro continente. Hemos empezado, así, a recuperar un liderazgo que resulta fundamental para el crecimiento y el desarrollo en nuestra región. Es importante resaltar que este artículo se escribe en el primer año de la administración. Para hacer un análisis más técnico de los aciertos y errores necesitaremos esperar el pasar de los años, ganando así la importante perspectiva histórica. 

Por tradición nuestra política exterior se ha definido como una de principios constituidos en el artículo 88 y la fracción X de nuestra Constitución. Así mismo, México se ha consolidado como un país asilante e imparcial en la arena global. Lo dicho no nos resta importancia, al contrario, nos otorga legitimidad para actuar sin filias ni fobias en los asuntos de carácter multilateral. Las acciones en esta materia emprendidas por  la actual administración y encabezada por el presidente López Obrador pretenden recuperar y ejercer estos principios de manera constante y congruente.

 Podemos ya observar, desde mi visión, lo establecido en cuatro momentos de inflexión que han marcado las relaciones diplomáticas de México durante este año: la relación bilateral con Estados Unidos; la asunción de la Presidencia Pro Témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños 2020; la no intervención y recuperación de la doctrina Estrada durante el conflicto en Venezuela y además, el golpe de Estado en Bolivia. Cada uno de estos puede analizarse de manera individual pero pretendo sintetizar de manera clara y concisa el por qué del actuar de nuestro país en cada caso.

Lidiar con Estados Unidos durante la administración del presidente Trump resulta un reto de primer nivel y complejidad pero donde hemos salidos airosos. Superamos con éxito las negociaciones del T-MEC y estamos únicamente a la espera de la ratificación canadiense del tratado para que entre en vigor. Avanzamos de una etapa de incertidumbre y estrechamos relaciones diplomáticas con nuestro mayor socio comercial. Nadie lo hubiera imaginado pero parece que en el último año nos hemos acercado a la nación más poderosa del mundo. Aunque Trump siempre es inestable y en ese sentido en la Secretaría de Relaciones Exteriores deben estar más atentos que nunca para no ceder más de la cuenta. Considero, hasta ahora no ha sido el caso. Ese es nuestro mayor reto. 

Hemos también asumido la Presidencia Pro Témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en 2020. Este mecanismo regional de integración se encontraba prácticamente muerto desde su creación en 2010. Con una profunda visión de innovación y desarrollo México continúa en su labor de integrar a Latinoamérica para enfrentar los retos globales. Entendemos que la unión nos hace más fuertes y la cooperación es el camino por seguir con los pueblos hermanos latinoamericanos. 

En el conflicto venezolano hemos dado un giro de 180 grados. La actual administración entiende que la intervención y la toma de un lado en el conflicto solo complejiza más la de por sí ya enmarañada situación. Por el contrario México ha asumido la imparcialidad y la no intervención adoptando una postura que aboga por el arbitraje, los Derechos Humanos y una salida negociada. Considero esto un acierto pues no hemos dejado de condenar las constantes violaciones a los Derechos Humanos de las autoridades encabezadas por Maduro y al mismo tiempo buscar una salida basada en el diálogo y la soberanía del pueblo venezolano. 

Por último, después del golpe de Estado en Bolivia perpetrado por Jeanine Añez Chávez en contra del presidente constitucional Evo Morales, México continuó con su larga tradición diplomática de otorgar asilo a los perseguidos políticos. Respetamos nuestro principio de la no intervención pues México otorgó asilo conforme a su tradición y a la normativa internacional. Lo hemos hecho en incontables ocaciones. De esta forma hay que clarificar que el asilo no es igual a intervención y no se condiciona ideológicamente. Es un derecho que garantiza nuestra Constitución y los tratados internacionales. La postura mexicana expresa preocupación por el conflicto boliviano y su ruptura del orden constitucional. Lo hicimos de igual forma en el caso de Venezuela con numerosas llamadas a respetar los Derechos Humanos pero en ningún momento propusimos una intervención armada, política o de ningún tipo. Ese nunca será el camino. 

México ha recuperado su independencia y soberanía respecto a nuestra política exterior. Estamos retomando la aplicación de nuestros principios constitucionales y ejerciendo su aplicación entorno a los retos que plantea la compleja situación coyuntural que atraviesa el mundo. La característica profesionalidad de los diplomáticos mexicanos, miembros de nuestro servicio exterior y la alta capacidad de nuestros funcionarios se ha notado.  Es de celebrarse también la implementación de una política exterior feminista. Empezamos a ejercer nuestra política exterior en la búsqueda de la igualdad sustantiva, la eliminación de las desigualdades estructurales y la erradicación de la discriminación de una manera transversal e interseccional. Sin duda los retos son muchos y complejos pero la capacidad de México para superarlos y consolidar su liderazgo regional es mucho mayor. 

“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”

Benito Juárez

 

Andrés Páez Díaz Infante. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana. Demócrata convencido de la izquierda progresista e Integrante del Primer Parlamentario Juvenil de la Ciudad de México.

Twitter: @andrespaezdi

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