Pluma Patriótica

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Persecución política: síndrome de la oposición

Lamentablemente, para los mexicanos no es de extrañarse el bajo nivel de algunos políticos que siguen con la férrea idea de que pueden hacer y deshacer a su antojo, quebrantando la ley solo por el hecho de estar o haber ocupado un cargo público. Habrá que recordarles que ya no gobierna el PRI ni el PAN, partidos autoritarios cuya integridad se deshizo tras cada episodio de represión, fraudes electorales y actos de corrupción.

Dentro de la oposición predominan personajes  que se niegan a entender que la impunidad ya no tiene cabida. Su pensamiento se quedó en el pasado, cuando el gobierno en turno solapaba todos los daños del anterior y simplemente no pasaba nada. Con el gobierno de la Transformación se denuncia, se investiga y hasta es posible exponer frente al Presidente cualquier arbitrariedad para reclamar justicia sin importar el tiempo transcurrido desde esos hechos.

A esos políticos, a través de esta pluma patriótica, les quiero dar un claro mensaje: en México nadie está siendo investigado o detenido por defender sus ideales políticos, expresarse o pensar diferente; así que no se confundan. La persecución política no debe ser acto de victimización para evadir la justicia por crímenes de los cuales se les acusa, mismos que cuentan con elementos suficientes apegados a derecho para actuar judicialmente.

Es injustificable e irresponsable el actuar de estos políticos de oposición que, al parecer, no tienen memoria histórica, nunca antes en nuestro país se había palpado tanta apertura en medios de comunicación y libertad de expresión (con respectivas excepciones, como el estado de Jalisco, pero sin duda será asunto a tratar en una siguiente participación), así como transparencia en los procesos que antes el viejo régimen ocultaba y manejaba a su antojo para deshacerse de sus adversarios políticos. Sin duda, los fantasmas de perseguidos políticos han desaparecido, «ya no es como antes».

Pero esta oportunidad no quiere ser tomada por aquellos que ahora se autoproclaman perseguidos políticos. ¿A qué le temen?

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