jueves, 30 abril 2026
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T-MEC: diferencias en la mesa, pero la competitividad como prioridad

Diversos acontecimientos recientes confirman que la revisión del T-MEC no solo avanza, disipando dudas sobre su continuidad, sino que se perfila como una prioridad estratégica para las economías que lo integran de cara a su reconfiguración en las próximas décadas. El inicio de las mesas de negociación y los diálogos bilaterales entre México y Estados Unidos en marzo pasado; la visita del representante comercial
estadounidense, Jamieson Greer, a Palacio Nacional y su reunión con empresarios; así como el intercambio entre la Presidenta Claudia Sheinbaum y el primer ministro Mark Carney, evidencian un proceso en marcha en el que los tres países reconocen la relevancia del tratado. Sin embargo, la discusión de fondo radicará en si las prioridades que cada uno lleve a la mesa convergen o apuntan en direcciones distintas.

Que el tratado se mantenga vigente no implica que permanecerá en los mismos términos. La revisión supone ajustes que deben entenderse a la luz de un entorno internacional distinto. El orden comercial atraviesa una transformación en la que las prioridades nacionales han evolucionado y donde la apertura ya no es el único principio rector. Hoy pesan más la seguridad económica, la relocalización productiva y la
competencia estratégica, factores que influirán en el rediseño del acuerdo.

Frente a este escenario, el punto no es solo qué propondrá cada país, sino cómo esas posiciones incidirán en la capacidad de América del Norte para mantenerse como una de las regiones más relevantes del comercio global. Con flujos que superan los 1.8 billones de dólares anuales, su fortaleza no radica únicamente en el volumen de intercambio, sino en la profundidad de sus cadenas de valor, construidas durante décadas y clave para su competitividad frente a otros bloques económicos.

Las posturas iniciales delinean el rumbo. Estados Unidos ha enfatizado el fortalecimiento de su base industrial, el incremento del contenido regional en sectores estratégicos y el uso de instrumentos arancelarios como parte de su política económica. México y Canadá, por su parte, han insistido en preservar la certeza jurídica del tratado. No es un matiz menor: la inversión que sostiene la integración regional se ha construido sobre reglas claras, previsibles y exigibles. Sin ese marco, el dinamismo económico pierde sustento.

Más allá de los intereses particulares, el eje de la revisión debería centrarse en la competitividad regional. El T-MEC no solo regula el comercio entre tres economías, sino que articula un sistema productivo altamente integrado. Por ello, cualquier ajuste en reglas de origen, políticas arancelarias o sectores estratégicos debe evaluarse con cuidado. Cambios que eleven los costos de producción o fragmenten las cadenas de valor pueden debilitar la posición de la región frente a economías de Asia o Europa. El sector automotriz es ilustrativo: encarecer la producción en América del Norte abre espacio a competidores externos.

Para México, la revisión implica un equilibrio complejo. Por un lado, existen objetivos concretos, como la reducción de aranceles en  autopartes, acero y otros bienes, que podrían fortalecer su posición en sectores clave. Por otro, es fundamental preservar la ventaja que hoy lo posiciona como principal socio comercial de Estados Unidos, concentrando cerca del 80 por ciento de su comercio bilateral.

Los datos recientes respaldan mantener esta posición. A marzo de 2025, las exportaciones mexicanas crecieron 27.7 por ciento a tasa interanual, alcanzando 70 mil 727 millones de dólares. La cifra refleja no solo dinamismo, sino la resiliencia de una integración productiva que sigue siendo competitiva incluso en un entorno global más restrictivo.

En suma, cada país llegará a la mesa con sus propias prioridades. Pero hay un criterio que debería orientar las decisiones: preservar la competitividad regional. Alterar en exceso las condiciones actuales podría debilitar a América del Norte frente a otros bloques y erosionar una ventaja construida durante décadas.

La revisión del T-MEC no es un ejercicio meramente técnico. Es una oportunidad para ajustar el acuerdo a un nuevo contexto sin perder de vista lo que lo ha hecho exitoso: la interconexión de sus economías. En esa capacidad de adaptación se definirá el futuro económico de la región.

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