Pluma Patriótica

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Todos deberíamos ser feministas

“Hoy me gustaría pedir que empecemos a soñar con un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo y más honesto y esta es la forma de empezar: tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma y también a nuestros hijos”.

Chimamanda Ngozi Adichie 

El título de esta colaboración lo tomé del libro más conocido de la autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. 

En su libro de apenas 54 paginas, Chimamanda empieza por definirse como: “una feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta usar labial y tacones altos para sí misma y no para los hombres”. Y empieza de esta forma porque reconoce que la palabra feminista está cargada de connotaciones negativas; las feministas son mujeres infelices porque no encuentran marido, el feminismo es anti africano, las feministas están siempre enfadadas y no usan desodorante. Si así lo prefiere cambie África por México o por cualquier otro país que usted imagine: todos estos comentarios de una forma u otra los escuchamos –de forma velada– a manera de comentarios “bien intencionados”, a manera de chistes o en algunos casos hasta de forma agresiva, pero todos de forma persistente. 

Chimamanda Ngozi Adichie (1977) nació en una aldea nigeriana, hija de profesores universitarios que a los 19 se trasladó a Estados Unidos con una beca para estudiar comunicación y Ciencia política en la Universidad de Filadelfia para continuar posteriormente en la Universidad de Yale; además es experta en temas de feminismo y migración. En este libro nos explica cómo el concepto de feminismo está cargado de este tipo de connotaciones mal intencionadas justo porque este buscará siempre sus propias estrategias y no se deja manipular por unas reglas del juego y unos usos lingüísticos que hacen trampa antes de que comience la partida. Por eso el feminismo sigue siendo una bandera por la cual luchar desde múltiples ámbitos. Porque se trata, sí, de un problema de derechos humanos, pero como la autora recalca, es un problema específico.

Chimamanda enumera una serie de micro machismos cotidianos que sitúa desde su Nigeria natal, pero que podemos trasladar a cualquier país que pensemos: los camareros que siempre esperan que paguen ellos; las mujeres que se ocupan de labores del hogar y ceden un poco en su carrera profesional para mantener la paz doméstica; o mujeres profesionistas altamente calificadas que son invisibilizadas en sus trabajos por opiniones menos calificadas de compañeros varones.

Hablando de la educación a la infancia comenta que pasamos demasiado tiempo enseñando a las niñas a preocuparse por lo que piensen de ellas los chicos y sin embargo no enseñamos a los niños por caer bien; le decimos a las niñas que no pueden mostrar rabia, ni ser agresivas ni duras y sin embargo elogiamos a los niños por las mismas razones; además hace hincapié en la estructura de nuestro pensamiento, por ejemplo: la niña que saca la mejor nota de clase aspira a ser la jefa de grupo pero la excluyen porque solo los niños pueden serlo. “Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si sólo los chicos llegan a ser jefes de grupo, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el jefe de la clase tiene que ser un chico”, comenta la autora. 

Para Adichie lo realmente peligroso de esta cultura tan arraigada, de este concepto esencialista de la diferencia entre hombres y mujeres disfrazado casi siempre de virtudes positivas como: dulzura, bondad, paciencia, es que prescribe cómo tenemos que ser, en lugar de reconocer cómo somos, es decir: chicos y chicas son biológicamente distintos, pero la socialización exagera las diferencias.

¿Qué nos aporta la visión de una escritora nigeriana que no quiere salirse de su contexto africano? Nos pone frente al espejo sobre algunas costumbres sociales que los mexicanos creemos superadas y que sin embargo continúan de forma invisible y socialmente aceptadas. Por todo lo anterior creo firmemente que este libro debería ser lectura obligatoria para estudiantes y profesores. Mientras tanto y en estos días tan convulsos, los invito a la lectura y reflexión personal del mismo, seguramente como lector o lectora se verá reflejado en alguna de las situaciones que presenta.

 

Verónica Villegas Garza. Feminista en construcción. Maestra en Administración Pública y docente universitaria. Estudiante del doctorado en Educación, Arte y Humanidades (UACH).

Twitter: @AprendizDeJedi

 

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