Salir a las ocho de la mañana de San Pablo Etla, tomar el autobús con la intención de llegar a las nueve de la mañana a nuestro trabajo en el centro de la ciudad de Oaxaca de Juárez se convierte en toda una odisea.
Hay que atravesar la carretera 190, que a esa hora está repleta de vehículos que saturan esta importante vialidad que se ha convertido en una especie de Eje Vial que comunica a toda esa parte de Etla con la zona metropolitana, pero el tráfico se vuelve insoportable al llegar a Viguera, pero se vuelve aun peor en Pueblo Nuevo y, al llegar a Santa Rosa, el nuestro vehículo avanza lento, como si fuéramos en un desfile interminable de asfalto y lámina.
Por fin llegamos a la Central de Abasto y ahora es peor. Nos encontramos con obras inconclusas, con semáforos inservibles, con una fila interminable de taxis foráneos que ocupan un carril para estacionarse y el otro para detenerse en doble fila, solo nos queda un carril para avanzar pero ese lo usan los camiones que no llevan prisa.
Así son todos los días en los traslados cotidianos de quienes tenemos que atravesar la ciudad y la zona metropolitana de Oaxaca para hacer nuestras actividades cotidianas, ya sea ir al trabajo o llevar a los niños a la escuela. Sea cual sea la actividad, este viacrucis es de todos los días, principalmente entre semana.
Pero cada uno de los elementos de este agrio panorama tienen un nombre: corrupción. Ya sea por el dinero que desapareció para el bacheo o bien las obras inconclusas por todos lados. También vemos el control de las organizaciones sobre los espacios públicos, pues se apoderan de las calles y no se les puede decir nada porque su respuesta es la violencia impune con complicidad de las autoridades.
Llegamos a un momento de inflexión en que todos los errores del pasado hoy son inocultables. Nos explotan en la cara y colapsan la movilidad.
Se ha vuelto normal que pasemos dos o hasta tres horas en el autobús al día para ir de un lugar a otro, pero no tendría que serlo. En Oaxaca nos hace falta un sistema de transporte público y colectivo que sea eficiente. Hace dos sexenios, Gabino Cué hizo esta promesa para gastar cientos de millones de pesos en el CityBus que, una década después, sigue inconcluso.
Es más, este proyecto se volvió un estandarte y ejemplo inequívoco de la corrupción transexenal porque el sexenio que acaba de terminar también usó esta obra para gastarse otros tantos cientos de millones de pesos para que, al final, la obra permanezca detenida y la ilusión desecha.
Es decir que, en dos sexenios gastaron más de mil millones de pesos para este proyecto que prometía ser similar al Metrobús de la Ciudad de México, pero se convirtió en un monumento a la corrupción.
Es inconcebible que los gobiernos pasen y su trabajo se trate de una simulación constante. Lo vemos en las obras que no solo dejan inconclusas, sino que se atreven a cortar el listón, las inauguran y los medios de comunicación les aplauden, lo cierra el círculo de complicidad para que la ciudadanía quede inmersa en la confusión, creyendo que todo es real pero, cuando se van del poder se cae el telón y se desvanece la ilusión.
Así es como ahora vemos que todo fue un engaño. Que las obras son inservibles, que los materiales son de mala calidad pero que inflaron los costos y, cuando volteamos a ver a los responsables, estos ya se fueron con los bolsillos llenos.
También la farsa del castigo fue una constante en el pasado, como lo vemos con el sexenio que terminó, que al comenzar puso una denuncia contra Alberto Vargas Varela, aquel que fue secretario de administración con Gabino Cué y uno de los artífices del CityBus en el que invirtieron -en aquel momento- más de 700 millones de pesos, por lo que denunciaron a este funcionario pero nada pasó, todo quedó en un papel inerte y sin efecto en la realidad.
Porque la realidad es que, en lugar de castigar la corrupción, usaron ese mismo proyecto para gastar más dinero y no solo eso, ahora vemos que Vargas Varela se pasea tranquilamente por restaurantes de la colonia Reforma, como si no le pesara nada en la conciencia.
Ahora vemos que las cosas cambian, que antes de anunciar un proyecto multimillonario, se hacen estudios para evaluar la situación que vivimos y conocer las verdaderas necesidades.
Además, sabemos que se construye la legislación necesaria para dotar de herramientas a quienes se encargarán de combatir la corrupción para rastrear estas malas prácticas del pasado para evitar que se reproduzcan en el presente, es decir, para frenar estas prácticas que tanto daño le han hecho a Oaxaca y su gente.





