jueves, 23 abril 2026
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Escuelas dignas para país con futuro

Durante muchos años en México se habló de la educación como una prioridad, pero en demasiadas comunidades esa prioridad nunca se vio reflejada en las aulas. Se podía hablar de planes, reformas y discursos, mientras miles de niñas, niños y jóvenes seguían estudiando en escuelas con techos dañados, baños inservibles, falta de mantenimiento y espacios que no estaban a la altura de lo que merece el pueblo de México. Por eso, cuando hoy se habla de inversión histórica en infraestructura educativa, no se trata solo de una cifra grande. Se trata de una decisión política que busca empezar a corregir una deuda acumulada durante décadas.

La Secretaría de Educación Pública informó que durante la actual administración federal se proyecta una inversión de 350 mil millones de pesos en infraestructura educativa. También señaló que 45 por ciento de la inversión de 2025 y 2026 se destinará a La Escuela es Nuestra, un programa que ha apostado por llevar recursos directos a las comunidades escolares para mejorar sus planteles. Además, entre 2025 y 2026 este programa beneficiará a más de 143 mil planteles de educación básica. Son datos que muestran una escala de inversión que difícilmente puede minimizarse.

La comparación con los sexenios anteriores también ayuda a dimensionar el momento. De acuerdo con la información difundida por la SEP, entre 2001 y 2006 la inversión acumulada fue de 38 mil 452 millones de pesos. Entre 2007 y 2012 ascendió a 83 mil 969 millones. Entre 2013 y 2018 llegó a 182 mil 795 millones. Entre 2019 y 2024 alcanzó 228 mil 054 millones y para el periodo 2025-2030 se proyectan 350 mil millones. Esto confirma que los gobiernos de la Cuarta Transformación han colocado a la infraestructura educativa como una prioridad presupuestal y no como un asunto secundario.

Pero también sería un error caer en la autocomplacencia. Reconocer el avance no significa negar el rezago. México todavía arrastra una deuda enorme en materia educativa y esa deuda pesa más en los estados históricamente olvidados. El CONEVAL ha documentado que el rezago educativo sigue siendo una carencia social relevante y que entidades como Guerrero se ubican entre las que presentan mayores brechas. También ha señalado que en las zonas rurales el rezago educativo afecta a una proporción mayor de la población que en el ámbito urbano. Eso obliga a poner los pies en la tierra. Sí, hay una inversión histórica, pero también hay una realidad histórica que no se borra de un plumazo.

En el caso de Guerrero, el tema tiene un peso todavía más profundo. El Informe de pobreza y evaluación 2022 de CONEVAL para la entidad muestra que el rezago educativo sigue afectando de manera importante a la población, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad. En un estado marcado por desigualdades territoriales, pobreza y marginación, hablar de infraestructura escolar no es hablar solo de cemento, pintura o techumbres. Es hablar de permanencia escolar, de oportunidades y de justicia. Es hablar de niñas y niños que merecen estudiar en condiciones dignas, vivan en la Costa Grande, en la Montaña, en la Sierra o en cualquier otra región de Guerrero.

Por eso me parece importante reconocer dos cosas al mismo tiempo. La primera es que sí existe un cambio de fondo en los gobiernos de la Cuarta Transformación. Hay más recursos, más atención al territorio y una visión distinta sobre el papel del Estado en la educación pública. La segunda es que todavía falta mucho por hacer y que precisamente por eso no debe frenarse esta ruta. Lo peor que podría pasarle al país sería regresar a la lógica en la que las comunidades tenían que conformarse con el abandono y agradecer migajas.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha dado continuidad a una visión que entiende la educación como una herramienta de igualdad y no como un privilegio. Esa continuidad importa porque confirma que la transformación no puede quedarse en los grandes proyectos, sino que también debe sentirse en los salones de clase, en los patios escolares y en los espacios donde se forman millones de mexicanas y mexicanos. Invertir en escuelas no siempre da el lucimiento político más inmediato, pero sí construye algo más importante, que es futuro con justicia.

Defender esta inversión histórica no implica dejar de exigir. Al contrario, implica entender que apenas se está empezando a saldar una deuda vieja. Y en estados como Guerrero esa exigencia tiene que ser todavía más firme. Porque transformar de verdad también significa que la dignidad llegue primero a donde más se necesita.

 

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