El fin de semana pasado se llevó a cabo la Cumbre por la defensa de la Democracia, misma a la que asistió nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, participando como siempre con un discurso no decorativo ni protocolario, sino con un mensaje de reflexión que nos recuerda el verdadero significado de la soberanía y libertad.
En tiempos donde la palabra democracia se repite hasta el cansancio, es importante analizar a quién la nombra y qué se entiende por ella.
Por un lado, persiste la visión más fría: elecciones, mercado, instituciones y libertades para unos cuántos. Por otro, emerge con fuerza un significado que engloba a la justicia social, soberanía y dignidad colectiva.
No es casualidad que la presidenta haya mencionado e insistido en ciertos principios como la autodeterminación de los pueblos, así como la no intervención y solución pacífica de controversias, tomando en cuenta que nos encontramos en un contexto en el que Estados Unidos ha intervenido de manera directa o a través de bloqueos en países como Venezuela o Cuba, marcando así un posicionamiento político muy claro.
Establecer límites es necesario en un contexto en el que no solo está en juego la forma de gobierno de algunos países, sino el derecho de los pueblos a decidir su propio destino. En este sentido, es aquí en donde México, con matices y equilibrios, intenta colocarse en un punto estratégico, no como defensor de algún gobierno, sino como opositor a cualquier forma de intervención.
A su vez, es importante mencionar que la reunión con diferentes liderazgos como Lula da Silva o Gustavo Petro, forma parte de un momento histórico en donde las izquierdas buscan reconstruirse no solo a nivel nacional, sino como un fuerte bloque que cuenta con el respaldo de los pueblos.
En este sentido, el discurso de nuestra presidenta apela a una memoria compartida. El mencionar a figuras como Juárez, Zapata o Lázaro Cárdenas no es solo porque suene bonito: es la mención, memoria y concientización de la construcción de una historia de resistencia, soberanía y lucha social. Una que conecta con una Latinoamérica desde los dolores más profundos y graves: la desigualdad, dependencia e intervenciones.
Quizá el punto más importante y menos comentado ha sido la propuesta de redistribuir el gasto global. La Dra. Claudia Sheinbaum planteó que una gran parte del presupuesto militar mundial podría destinarse a la reforestación, lo que significa una crítica directa al orden económico mundial, así como una manera viable de poder realizar un cambio.
Más que una postura diplomática, en el desarrollo de esta cumbre se expresó algo más profundo, una apuesta para redefinir las reglas del debate global, dejar en claro que la democracia no puede seguir siendo utilizada como pretexto para intervenir, y que es importante levantar la voz sin miedo y con verdaderas propuestas, pues aún con todas las tensiones existentes, es posible realizar cambios en beneficio de los protagonistas de esta historia, es decir: en beneficio de los pueblos.
