México como ente político histórico es inmensamente rico, desde el análisis ambiental con una variada gama de climas y paisajes, hasta la cultural. Nuestra nación abraza un cúmulo basto de costumbres, idiomas, usos y culturas a consecuencia de diversos factores como son el desarrollo paralelo de distintas civilizaciones prehispánicas, posteriormente la lucha del viejo continente con el nuevo, pasando por una colonización y la post colonización que −podría decir− va desde la Independencia de México hasta después de la Revolución.
Por lo anterior, México es reconocido como una nación multicultural. En el territorio nacional convergen prácticamente todo tipo de identidades, la forma de concebir al mundo cambia drásticamente entre el norte, centro y sur de México. Las formas de hablar, las costumbres, la gastronomía y la idiosincrasia se va modificando, pues México también se ha formado y construido derivado del desplazamiento del ser humano, tenemos población indígena originaria de diversas zonas del país, así como sectores que se auto adscriben pertenecientes a la población afrodescendiente. En otras partes del país se asentaron migrantes procedentes de países europeos y asiáticos donde vieron una nueva forma de iniciar en esta noble tierra.
Si en México radica un abanico variado de culturas e idiomas, ¿por qué en algunos sectores se sigue practicando la discriminación como forma de segregación utilizando dos variables; el pigmento de la piel de las personas y el nivel económico que esta ostenta?
El historiador de origen africano Achille Mbembe aborda de forma magistral el racismo desde la perspectiva económica, donde el capitalismo ligó la palabra «negro» a un momento histórico determinado —como fue la época colonial—; en el caso de México, posiblemente la palabra ligada por el capitalismo sea indígena o indio para así crear esa diferencia. En una visión político-social capitalista occidental desdibujar a los sujetos de los objetos posibilita mercantilizar a los humanos, ese es uno de los objetos de impulsar categorías. Desde análisis de Carl Schmitt sería la visión amigo-enemigo.
El mismo historiador una y otra vez se ha posicionado defendiendo la postura de que el racismo es una especie de fantasía que se estuvo cocinando y fraguando desde el mercantilismo hasta el capitalismo logrando materializarla. Como ejemplo nos da la invención del concepto de raza como mecanismo de control para evitar las alianzas entre blancos y negros en las plantaciones de algodón y, con ello, evitar sublevaciones, provocando o causando la estigmatización de las personas de acuerdo con su color de piel.
En México la estigmatización a consecuencia de la adopción del concepto de raza ha tomado fuerza añadiendo nuevos elementos que resultan completamente ajenos a la voluntad de las personas, como son los niveles económicos en los que nacen, los apellidos que ostentan y la zona geográfica en la que nacen.
A pesar de que en el pasado hubo instituciones y posicionamientos que buscaban invisibilizar la discriminación por factores como la pigmentación y el origen, estudios y estadísticas nos demuestran que sigue existiendo una práctica discriminatoria en diversos sectores de la población mexicana. Se ha comprobado que en México el color de piel y el origen son determinantes para tener o no un trabajo digno, el poder ingresar a ciertos establecimientos mercantiles, acceder a sistemas educativos, así como tener una debida impartición de justicia de forma expedita y eficaz.
Lo ocurrido en días pasados en el restaurante Sonora Grill, donde una vez más se categorizaban a las personas entre «buena apariencia» o «mala apariencia» para brindarles un servicio en una zona determinada, lamentablemente no es la excepción. La categorización discriminatoria se sigue aplicando con otros criterios en diferentes lugares, mismos que podrían ser ricos-pobres, personas con características europeas frente a las que tienen características de poblaciones pertenecientes a África, Asia y Sudamérica.
En México, por ejemplo, los sectores más vulnerados y discriminados son aquellas personas pertenecientes o identificadas como indígenas, pues son estos los sectores a los que más les cuesta conseguir trabajo, educación, servicios de salud y vivienda digna. Es por ello que el Presidente Andrés Manuel ha buscado mitigar la brecha de desigualdad, así como poder saldar la deuda histórica con los pueblos indígenas; pues con este sector de la población mexicana, el neoliberalismo ha sido más rapaz, les despojó de su dignidad, su patrimonio y, en muchos casos, su identidad como integrantes de un todo, buscando invisibilizarlos.
Si bien considero que aún la lucha sigue para mitigar la discriminación, también creo que poco a poco se ha ido evidenciando este problema social que tanto daño ha hecho; reconocer la existencia de la discriminación por el racismo es elemental para poder atacar la pigmentocracia y disminuir las brechas de desigualdad por factores o conceptos inventados por un sistema que tanto ha deshumanizado hasta nuestros días.



