En diciembre de 1997, la banda de rock irlandesa U2 ofreció un concierto en el Foro Sol de la Ciudad de México como parte de su gira PopMart Tour. Este evento, que prometía ser una noche memorable para los fans, se vio empañado por un incidente que involucró a los hijos del entonces presidente de México, Ernesto Zedillo. La cuenta de X, AL_VISO, denunció este incidente, revelando la prepotencia con la que se gobernó México durante el periodo neoliberal.
Ernesto, Emiliano y Carlos Zedillo asistieron al concierto en la zona VIP, cortesía de la relación entre su padre y la promotora del evento, OCESA. Al finalizar el concierto, los organizadores habían establecido una ruta segura para su salida, pero los hijos de Zedillo decidieron tomar un camino diferente, lo que desencadenó una serie de eventos desafortunados.
El Estado Mayor Presidencial (EMP), encargado de la seguridad de la familia presidencial, ayudó a los jóvenes a saltar vallas de acceso prohibido y los escoltó a través del backstage, ignorando las advertencias del staff de U2 sobre los peligros de esa área, que estaba llena de equipos robotizados y cámaras controladas remotamente.
En medio del caos, una cámara montada en una grúa estuvo a punto de golpear a Carlos Zedillo, quien fue salvado por un productor de la gira que se lanzó sobre él, resultando en una herida que requirió 12 puntadas. La reacción del EMP fue violenta, sacando sus armas y golpeando al productor en la cabeza. Además, una Suburban blindada irrumpió en el backstage para evacuar a los hijos de Zedillo, atropellando a Jerry Mele, un miembro del staff de U2, y fracturándole la columna vertebral.
Lo que hace la arrogancia! Aquí Bono cuenta el chisme pic.twitter.com/4QzrTIFQSX
— Tía María 🦜 (@marie_tabares) September 20, 2024
El líder de U2, Bono, furioso por los eventos, planeó una conferencia de prensa para denunciar los abusos. Sin embargo, la Oficina de la Presidencia organizó una reunión entre Bono y Zedillo para «controlar los daños». En dicha reunión, Zedillo no ofreció disculpas y culpó a la promotora del concierto, prometiendo investigar lo ocurrido, una promesa que nunca cumplió.
Este incidente no solo dejó una marca negativa en la relación entre U2 y México, sino que también reveló la prepotencia con la que se gobernó México durante el periodo neoliberal.









